• Miércoles, 26 de Septiembre de 2018

Excesos informativos

a raíz de una queja recibida en la Oficina de Defensa de la Audiencia

a raíz de una queja recibida en la Oficina de Defensa de la Audiencia (ODA) el Consejo Audiovisual de Andalucía (CAA) ha elaborado un exhaustivo informe sobre la cobertura televisiva del caso Gabriel, el niño, como se recordará, primero desparecido y luego hallado muerto en Almería hace ahora un par de meses.
Han sido casi setenta horas de análisis de imágenes; de informativos y de programas de entretenimiento de las grandes cadenas nacionales, de la autonómica y de alguna local. Las conclusiones del documento en cuestión no es que hayan especialmente sorprendido, pues varias de ellas pudieron ser advertidas por cualquier telespectador: sensacionalismo extremo; insistencia en poner el foco sobre un personaje cuya implicación la Policía ya había descartado por completo; repetición de contenidos irrelevantes para alargar coberturas ante la falta de novedades informativas, y excesivo tiempo dedicado al caso, en especial en los programas llamados de entretenimiento.
En concreto, “La mañana” (TVE) dedicó al tema el 70 por ciento del tiempo de emisión los días clave del desarrollo del suceso, mientras que en la jornada posterior a la detención de la asesina confesa “Espejo público” (Antena 3) y “Sálvame” (Telecinco) fueron casi monográficos al respecto. De mayor alcance resultan otras conclusiones del informe, entre ellas los graves incumplimientos deontológicos detectados. En este sentido se denuncia el “preocupante deterioro” en el ejercicio de la función de informar sobre tragedias personales con gran impacto emocional en la opinión pública. Deterioro caracterizado por un abuso del sensacionalismo y del morbo en detrimento del rigor, la precisión y la responsabilidad informativa. Vieja degeneración, habría que añadir, que recuerda el episodio de las niñas de Alcásser de hace veinticinco años, hoy acrecentada por la feroz competencia reinante.
A este última cuestión dedica el CAA sus comentarios más contundentes: al hecho de que “algunos programas televisivos” utilicen todo tipo de recursos para llenar horas de programación y captar audiencia, obviando –añade– con “absoluta impunidad” derechos tan esenciales como la veracidad informativa, el honor y la intimidad o la separación entre información y opinión.
Tampoco –creo– debería caer en saco roto otra llamada de atención: el contagio que se observa en espacios netamente informativos de prácticas que resultan deplorables y olvidan el deber de diligencia en la comprobación de la veracidad de la información reproduciendo rumores y especulaciones alimentadas en los programas de entretenimiento. Anuncia el Consejo andaluz que trasladará el informe a la Comisión Nacional de los Mercados y de la Competencia (CNMC), organismo competente en las cadenas de ámbito nacional, por si algunas prácticas pudieran haber sido contrarias a la legislación vigente. Bien está, pero no creo que ello contribuya a cambiar conductas y reconsiderar abusos informativos. Porque éstos suelen llevar, sin que pase nada, la misma firma: las dos grandes cadenas privadas de ámbito nacional. Las dos, por infortuna, más vistas.