Sábado 25.05.2019

Xulio Ferreiro no es de ley

En la bodega del barco de la Marea la vía de agua es cada vez más grande y los tripulantes intentan achicar con poco acierto.

En la bodega del barco de la Marea la vía de agua es cada vez más grande y los tripulantes intentan achicar con poco acierto. Hace ya semanas que los problemas mantienen demasiado ocupados a concejales, alcalde, asesores y productores de excusas. Pese a la máquina de propaganda a lo que dedican gran parte de su tiempo,  los argumentos son cada vez más pueriles y muy faltos de realidad.
No es que hasta ahora la gestión mantuviese demasiado ocupados a los ediles “rebeldes”, pero entre los “pisitos”, los silencios del plan de movilidad, los jaleos internos por el poder en el universo Podemos y las prisas por hacer que hacen, el ambiente se va caldeando cada día más. El último capítulo ha venido de la mano de la Fiscalía, que aprecia claros indicios de prevaricación en el concurso y adjudicación de la antigua prisión. La denuncia ya aguarda en la mesa del juzgado.  
La explicaciones, una vez más, parecen formuladas por adolescentes. El propio Ferreiro ha llegado a decir que “era una buena idea”. Vamos, la enésima ocurrencia y un nuevo ejemplo de cómo desviar el objeto que se está juzgando. Aquí no se está juzgando si debe haber o no actividad en la antigua prisión. Todos estamos de acuerdo en que hay que darle vida una vez rehabilitada. 
 Pero aquí lo que ha aflorado tras un examen del expediente por parte del PP es que estamos ante un chanchullo. Un traje a medida hecho para entregar las llaves de un edificio público a Proxecto Cárcere. Y usted, alcalde, lo sabía.
Tanta casualidad no hay garganta estadística que se la trague. Hemos transitado a paso ligero del “cúmulo de errores” de la compra de pisos al oportunismo de una asociación pretendidamente cultural a la que le habían prometido el uso y disfrute de la cárcel.
La acusación es grave. Prevaricación es un apellido muy feo para cualquier nombre propio. Pero el lamparón se transforma en borrón de tinta china en la camisa de un doctor en leyes, profesor titular de Derecho Procesal y ex magistrado suplente de la Audiencia Provincial de Lugo. El currículo del profesor Ferreiro ocupa 19 páginas, casi todas ellas pilotadas sobre su perfil de jurista.
Puesto a moldear excusas, el menos malo de los argumentos que le quedan, además de seguir dando vueltas en la centrifugadora de las peticiones de disculpas, es aducir que los expedientes pasaban ante sus narices sin que Ferreiro ni sus colaboradores supiesen lo que estaba ocurriendo. Es un pobre guion, pero la otra hipótesis nos lleva a un escenario de prebendas malintencionadas y conscientes. Lo dicho: prevaricación, por el momento en grado indiciario.  
Ferreiro vive el día a día. Ha optado por despreocuparse del futuro. No parece haber reparado en que en ocho meses tendrá que defender o depurar una candidatura en la que quedan ya pocos nombres sin sombra de dudas. Con estos hechos deja la complicada reconstrucción de su prestigio como jurista, hoy francamente vilipendiado. 
 

Xulio Ferreiro no es de ley
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