• Jueves, 20 de Septiembre de 2018

Más amigos engañados

El pasado viernes convocamos la Comisión de Transparencia.

El pasado viernes convocamos la Comisión de Transparencia. Se trataba de ofrecerle a la Marea una oportunidad más para poder dar explicaciones sobre el concurso de cesión de la antigua prisión y su desenlace. No lo tenía fácil Claudia Delso, a quien le tocaba el papelón de volver a tratar de convencer a todos los coruñeses de que la adjudicación del espacio a Proxecto Cárcere no tiene nada que ver con la relación de amistad de los adjudicatarios con los adjudicadores.
A medida que ha ido avanzando el proceso se ha ido despejando la niebla que envolvió todo este asunto. Ahora, pasados todos los plazos, queda en evidencia que la consigna era “tirar p’alante” caiga quien caiga. La concejala del asunto de la transparencia no fue capaz de dar ni un solo argumento convincente. Lo que ahora se materializa no tiene nada que ver con lo ofertado en su momento, pese a que ya quedan pocas dudas de que el concurso era un traje a medida.
Hemos pedido la resolución. El estado del edificio imposibilita el desarrollo de las actividades ofertadas, las mismas que fueron puntuadas como positivas en el trámite de concurso. Estamos, es evidente, ante un incumplimiento total y absoluto del objeto de la iniciativa. No hay justificación posible.
Siendo este aspecto de una gravedad soberana, no es lo más preocupante. Lo verdaderamente alarmante es que el estado del edificio no permite garantizar la seguridad de las personas. El área puesta en manos de Proxecto Cárcere se queda en un espacio que, además, se ha reducido de los 1.300 metros cuadrados iniciales a los 100 metros a los que ha sido acotada finalmente la zona de uso público.
La superficie que queda habilitada para actividades no llega ni a la mitad de la “casita” de Pablo e Irene en Galapagar, por poner un ejemplo. Cien metros cuadrados equivale a una quinta parte de una cancha de fútbol sala. En un campo de fútbol como Riazor caben 82 veces la parcela utilizable de la antigua prisión. No da ni para jugar a la petanca. Ni para un parque de bolas. Cualquier pista de chave de barrio tiene más espacio. Por si fuera poco, no se ha contemplado ningún cambio de usos. El edificio sigue siendo una prisión. ¿Será para jugar al balón cautivo?
No tiene sentido alguno. La única forma de arreglar este desaguisado es anular todo el proceso y volver a empezar de cero. Sucede que a Xulio Ferreiro se le agota el tiempo. Si ahora reconociese que las cosas se hicieron mal, si rectificase como es costumbre de la casa, no podría cumplir lo prometido en los plazos prometidos.
Y claro, ya sabemos cómo se ponen los amigos cuando la Marea no puede cumplir sus promesas. Lo último que necesita el alcalde es una nueva Comandancia de Obras. Pero eso, señor Ferreiro, no es nuestro problema. Ni el de la ciudad.