• Martes, 13 de Noviembre de 2018

In memoriam

La tragedia ha vuelto a irrumpir en las vidas de los coruñeses.

La tragedia ha vuelto a irrumpir en las vidas de los coruñeses. Ha sido el mar. Otra vez el mar. Nuestro mar. Ese Atlántico que nos marca el carácter, que nos hace únicos, pero que se cobra un precio siempre excesivo, porque su peaje se paga en vidas. El último nombre que se añade a la lista es el de Andrea.
A la hora de escribir estas líneas continúa la búsqueda, merman las esperanzas y se multiplican las preguntas, retóricas, pues no esperan respuesta. Son sensaciones que nos encogen las carnes por el recuerdo siempre permanente de episodios dolorosos que ni queremos ni podemos olvidar. Hace apenas dos meses nos volvíamos a reunir con las familias de los agentes Rodrigo, Javier y José Antonio.
El silencio con el que recordábamos a los tres policías es rabia contenida. La rabia por Thomas, que nunca regresó a Polonia. La rabia por Patricia, que vino de Madrid a una convención de trabajo y el mar se la llevó. La rabia por Moussa, el senegalés cuyo error fue correr detrás de un balón… Percebeiros, curiosos, pescadores, jóvenes y no tan jóvenes. El mar no hace distinciones. No es el momento de juzgar a nadie. 
Es el momento de la reflexión y de la gratitud. La reflexión, tantas veces repetida. Desafiar al mar nunca es una buena idea. Cada vez que nos sale al encuentro la tragedia pensamos, deseamos con todas nuestras fuerzas, que será la última. Ojalá Andrea haya sido la última. Pero la última de verdad.
Y es, por encima de todo, el momento de la gratitud. Del abrazo y el homenaje a todos esos profesionales siempre dispuestos a arriesgar sus vidas. La angustia por los momentos que estamos reviviendo nos puede hacer creer que no hemos avanzado nada. No es cierto. Cada mal trago a la orilla del mar es un máster para quienes han consagrado su existencia al servicio a los demás. Los que hemos pasado por esto conocemos sus nombres y sus apellidos. Y los admiramos.
Hoy no era el día para hablar de esto. Tampoco era el día para llorar a un hombre bueno. No puedo dejar de recordar al alcalde Jaime Hervada, que también se nos fue este Viernes Santo. Fue un tenaz e incansable creador de ciudad, a pesar de haber ocupado el cargo poco más de dos años. Hervada construyó el embalse de Cecebre y acabó con el problema del abastecimiento de agua. 
También frenó un urbanismo salvaje limitando las alturas mediante el primer Plan General, inició la edificación del cementerio de Feáns, levantó la Estación de Autobuses, la avenida del Ejército y el cierre del parque de Santa Margarita. A toda su familia, nuestro abrazo. El más estrecho, a su hija Carmen. A nuestra entrañable Peti.