Un alcalde puesto por el Ayuntamiento

Llevar la contabilidad de la incapacidad de gestión en la que vive permanentemente la Marea no es tarea menor. Requiere orden y disciplina, dos de las habilidades de las que adolece Xulio Ferreiro. Lastimosamente no son las únicas. Hay torpezas que nos sobresaltan en el día a día. Ocurrencias puntuales como patrocinar una feria en la que se le da pábulo a prácticas de riesgo, como oponerse a las vacunas. 
Hay torpezas que se van enquistando y creciendo como bolas de nieve. Ya saben: un par de pisitos por aquí, un manojo de okupas por allá, una cárcel regalada por acullá… Y después está la torpeza suprema. El “defcon” uno de la negligencia. Ese estado de máxima alerta en el que se pone en riesgo el bienestar de los demás.
Esa catástrofe deja víctimas. Con nombres y apellidos. En esa nómina expansiva de damnificados nos encontramos a los 200 trabajadores de los servicios complementarios de deporte y recogida de basuras. Los 130 de la limpieza viaria, que acabarán en junio. 
En cuidados intensivos, todavía tratando de recuperarse del susto, los de las bibliotecas o los de la ORA, cuyos contratos salieron a duras penas tras  el gatillazo de las municipalizaciones.
A punto de sumar su primer trienio, Ferreiro sigue circulando por los recovecos de la gestión municipal con la ele pegada en el cristal, mientras sus avalistas comienzan a perder la paciencia. No se trata de una cuestión política. Es la gestión, amigo. Y para sacar adelante la gestión solo hay un camino: trabajo. Perdón; ya sé que la palabra hiere sensibilidades.
No es una cuestión menor. La Marea juega con el pan de muchos coruñeses. Y con las cosas de comer no se juega. La incertidumbre y la preocupación pierden su vertiente simpática cuando el chascarrillo deja de afectar a los batracios que cruzan la calle y se ensaña con los coruñeses que pagan sus impuestos y solo piden vivir en paz.
Mañana hay pleno. El Grupo Municipal Popular intentará arrancar un compromiso al equipo de Ferreiro. Es complicado, lo sabemos. 
Uno de los mayores desprecios del alcalde hacia sus vecinos es despreciar los mandatos que le hace la ciudad vía mociones a su antojo y capricho. Pero no será porque no lo hayamos intentado. No sabemos si saldrá adelante o no. 
Pero el PP exigirá a Xulio Ferreiro que ponga fin a la incertidumbre laboral de los cientos de coruñeses que en la actualidad trabajan en empresas que están prestando servicios municipales sin contrato. Si sonase la flauta y Ferreiro nos hiciese caso, el martes comenzaría a trabajar. Será complicado. Tenemos un alcalde puesto por el Ayuntamiento.