El bitcoin

Si usted no sabe qué es el bitcoin, no se preocupe

Si usted no sabe qué es el bitcoin, no se preocupe, nadie lo sabe. Se trata, ciertamente, de una moneda virtual, digital, una criptomoneda que creó alguien que, con toda seguridad, encontró más relajado y rentable inventarse un dinero que ganarlo con el sudor de su frente. O dicho de otro modo: el bitcoin no existe, pero merced a la insaciable codicia de los especuladores, que les nubla y embrutece el poco juicio que tienen, está teniendo un éxito extraordinario.
En eso el bitcoin se parece un poco a los planes que, revelados por la agenda del fedatario del “procés”, tenía la facción secesionista instalada en la Generalitat para la independencia de Cataluña, que tampoco existían. Sin embargo, el bitcoin ha logrado el reconocimiento de la bolsa de Chicago, en tanto que la independencia virtual, la criptoindependencia catalana, no ha conseguido, al ser más espectral todavía, el reconocimiento de nadie. Comparaciones aparte, cabe decir que el bitcoin es una majadería de tal calibre que solo podía prosperar en unos tiempos tan estúpidos como los presentes.
El bitcoin, pese a su nombre de “snack” o de barrita energética, cotizó el martes a 17.000 euros. No se piense que es demasiado, pues, al no existir, podía haber llegado tranquilamente a los cien mil o al millón de euros. Ahora bien; tener un bitcoin es como tener un tío en Alcalá, pues hasta los expertos en especulación financiera, tan inclinados de suyo a creerse cualquier cosa, han advertido que el que invierte su dinero en bitcoins, lo más probable es que se quede sin él.
El bitcoin no tiene, al contrario que las monedas de verdad, el refrendo de ningún gobierno ni de ningún banco central, pero es que el descrédito de ambas instituciones, gobiernos y bancos centrales, ha debido llegar tan lejos, que hay quien se fía más de un bitcoin que, pongamos por caso, de un bono del Tesoro. Sea como fuere, el bitcoin, esa mamarrachada dineraria, es emblemático de una época en que la gente está dispuesta a creerse lo que sea, a condición de que sea inverosímil. Como el bitcoin, como la probidad y la solvencia del extinto gobierno de la Generalitat.