domingo 17/1/21

Ni una sola broma más

La primera y principal obligación de los políticos de la primera línea es poner siempre por delante los intereses de la nación, y no sus propios intereses personales y partidistas. Esta afirmación puede parecer una obviedad pero estamos demasiado acostumbrados a que actúen al revés y por ello eso es lo primero que hay que afirmar cuando se da la circunstancia del último lunes, la reunión en Moncloa de Pedro Sánchez y Pablo Casado, a petición del presidente y con la aceptación del líder de la oposición. Pronto sabremos para lo que de verdad ha servido el encuentro, sin siquiera descartar el riesgo de que no haya servido para nada.

La impresión que uno tiene es que este país no suele mostrarse demasiado exigente con los líderes políticos en materia de dedicación a lo que son sus obligaciones fundamentales, tal vez influidos por una larga tradición demostradora de egoísmos e indiferencias ante los intereses generales de la nación y del Estado. Ni siquiera les suele inquietar demasiado el hecho de que hayan transcurrido meses e incluso años sin que se decidan a poner en marcha los motores de la transformación del funcionamiento del Estado para terminar con una situación que da bastante vergüenza. Sinceramente creo que de ahora en adelante se tiene que acabar esa situación pues esto no aguanta ni una sola broma más.

Los protagonistas de la clase política tienen que poner fin a esta etapa inútil e incomprensible que venimos soportando, cosa que de momento no han hecho. El primer obligado a cambiar el comportamiento es sin duda Pablo Casado, pues es quien ha venido demostrando la mayor frescura. Quiero pensar que este hombre está dispuesto a cambiar de actitud y a plantearse que España no aguanta un minuto más de bromas y de indiferencias. En realidad, no hay quien entienda que hayan pasado meses, e incluso años, con el país y su política prácticamente estancados en el funcionamiento más mínimo de los imaginables. Hay que decir que se acabó y exigirles su estrecha colaboración en la empresa.

No se trata solo de la renovación de órganos constitucionales como el Consejo General del Poder Judicial o los demás que están pendientes, sino de dar un impulso serio y general a la puesta en marcha del posrajoismo, tras demasiado tiempo de parálisis, casi siempre por culpa del PP y el resto de la oposición, aunque tampoco desde el Gobierno se hayan excedido en prisas y entusiasmos. Quiero poner el mayor énfasis en la necesidad de que lo predominante sea el espíritu de colaboración de las fuerzas vivas.

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