jueves 22/10/20

Acuerdo in extremis

La política catalana se ha convertido en un culebrón de lo más interesante. Ni el guionista más loco se hubiera atrevido a escribir semejante argumento. Giros inesperados y situaciones rocambolescas que convierten más que nunca en cierto ese adagio que cuenta que, a veces, la realidad supera a la ficción. Cuando todo el mundo se preparaba ya para unas nuevas elecciones, en el último momento y sobre la bocina se llegó a un acuerdo para desatascar lo que parecía imposible.
Artur Mas finalmente dio un paso al lado y desde Junts pel Sí se presentó un nuevo candidato al que la CUP le dio el visto bueno. Esta vez la formación no necesitó realizar consultas a las bases y Puigdemont lograba el beneplácito para ser el nuevo president. Dirán que no había tiempo, pero este acuerdo in extremis le hace a uno preguntarse si todos estos meses de disquisiciones y asambleas no han sido más bien un paripé de la formación anticapitalista.
El caso es que ha habido fumata blanca y la amenaza de unas nuevas elecciones se ha disipado. Todos se sienten vencedores aunque han tenido que renunciar a mucho. La CUP se ha salido con la suya y ha mandado, en palabras textuales, a Mas a la papelera. Le ha costado ceder a dos de sus diputados al grupo de JxS, comprometerse a no votar en contra de asuntos que afecten a la estabilidad del Govern y la dimisión de dos de sus diputados.
JxS, por su parte, ha conseguido formar gobierno. Ha impuesto unas medidas que parecen draconianas, pero no ha logrado la cabeza de Anna Gabriel como quería y ha visto como la CUP se ha cobrado en el pacto a un diputado de cada lado. Josep Manel Busquets, contrario, y Julià de Jòdar, favorable, han sido los sacrificados. Sumado a esto la amenaza velada de votar en contra de los próximos presupuestos si no incluyen un importante gasto social, a pesar de las cláusulas del acuerdo firmado.
Y sobre todo Mas se ha quedado al final vendido por su propio partido. A pesar de anunciar que no realizaría ninguna oferta ni movería un dedo para que la CUP cambiase de opinión, en apenas 48 horas finalmente ha dado su brazo a torcer. 
A pesar de anunciar desde el primer momento que su interés no era la Presidencia, sus actos le contradicen y hasta el último suspiro mantuvo sus aspiraciones. Pero no se muevan todavía de sus asientos. El asunto de Cataluña seguro que aún dará mucho que hablar.

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