domingo 20.10.2019

Lo divino, lo chino, lo mundano

Inversores chinos compran una iglesia en Bilbao, esa es la noticia.

nversores chinos compran una iglesia en Bilbao, esa es la noticia. Si hubiera sido en otro lugar habría sorprendido menos, pero en Bilbao se antoja un imposible: una catedral, dos dioses, el Vaticano mismo, cualquier cosa antes que esa infame transacción impropia de ese cosmos de abundancia.
El noticiario nos ha mostrado a un grupo de operarios retirando las losas de un rocoso retablo sobre el que descansaba la pulida imagen de Cristo Rey, así se llamaba la parroquia. Los vasos de consagrar y demás menaje eucarístico ya había sido retirado, suponemos que a sagrado.
Mil metros cuadrados de iglesia de planta baja que al parecer endeudaban al obispado; menesteroso ente que no ha tenido más remedio que ponerlo a la venta para sanear sus terrenales arcas.
El libre mercado ha llegado a una fe rendida al capitalismo salvaje porque no parece justo, ni civilizado, poner a dios de patitas en la calle por un puñado de míseras monedas, las que han pagado los chinos para el comercio de una intendencia, a la que de verdad le tenemos fe, la que impone el monedero, porque a la hora de comprar algún utensilio nos pasamos sí o sí por el chino para comprobar algo que sabemos de antemano que lo vamos a encontrar más barato. Porque en China ordena el comunismo y dispone el capitalismo y así no hay dios que compita con ellos: ni volviéndonos chinos. Quizá sea por eso por lo que no parece prudente apearse tan a las bravas de lo divino.

Lo divino, lo chino, lo mundano
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