• Lunes, 24 de Septiembre de 2018

FIragmento del relato “El viaje”, del libro “La hija del txakurra”, dedicado a Hortensia

FIragmento del relato “El viaje”, del libro “La hija del txakurra”, dedicado a Hortensia y Antonio, dos jóvenes novios asesinadas en Beasain (Guipúzcoa), el 6/01/1979, a mayor gloria de la causa de la insolidaridad y el racismo.
“Fue entonces cuando Antonio los vio salir ágiles como animales de presa. Reparó en la terrible despreocupación de las puertas abiertas de par en par en mitad de la calle, vio sus capuchas negras, y la certera disposición de las armas, eso cuando ya los tenían encima, e instintivamente la empujó con las manos y con un grito ronco, nacido de lo más profundo del horror, en un intento desesperado de alejarla de allí, de enviarla a un lugar donde lo que estaba ocurriendo fuese mentira, a lo sumo una pesadilla. Su grito y sus fuerzas se extraviaron en las entrañas de ese criminal laberinto que conforma el ladrar ardiente y plomado de las metralletas. Nada pudo hacer por alejarla, nada para dejar de saber que tras aquella leve extensión del cristal, se hallaba ella fatalmente expuesta a la rabia del plomo y a la inmensa pena de una muerte tan brutal e inmerecida como inútil”.
Este es uno de los más de 300 crímenes aún sin resolver con los que la banda criminal ETA maldijo nuestras esperanzas democráticas. Y esta también una más de las infamias que hoy por hoy se celebran en la tétrica farsa de los asesinos.
Nos han dejado de matar, decimos, pero quién no asegura que no estamos “asquerosamente” muertos.