• Martes, 25 de Septiembre de 2018

No voy a hablar de solidaridad, no deja de ser una rareza del vocabulario sin raíz

No voy a hablar de solidaridad, no deja de ser una rareza del vocabulario sin raíz en nuestro entendimiento, sino de algo más primario, la responsabilidad con nosotros y con los demás, a través del Estado, institución que nace, no de la generosidad del individuo sino de su conveniencia en la necesidad.
No es, por tanto, una revelación o una cesión, sino el resultado de la experiencia, si queremos tener servicios acordes a nuestras necesidades tenemos que asociarnos, para que así sean posibles y asumibles los medios técnicos y humanos que necesitamos.
Algo complejo de crear y establecer y, sin embargo, fácil de entender, la cabeza más simple se percata de ello, y si no prueben a pensar, ¿sería posible tener un hospital para cada uno, o un coche de bomberos…?
Creo que el ejemplo lo ilustra. Queda, pues, la distribución, es ahí donde surge el fatal desentendimiento, porque aún no pudiendo construir y sostener un hospital para uno mismo, ese uno sí se cree con derecho a tener para él alguno de esos que son de todos.
Y eso cómo explicarlo sin hacer uso de la solidaridad, porque aquí la responsabilidad no tiene cabida, en esto a muerte con el ancestral egoísmo.
Y cómo es así, para explicarlo solo se me ocurre poner por ejemplo el cupo vasco, ese instrumento de discriminación fiscal que hace posible tener un hospital y un coche de bomberos a cuenta de los demás, o, cuando menos, sin tenerlos en cuenta.