• Domingo, 23 de Septiembre de 2018

No hay respiro

Y es que las cifras que nos anuncian no traen “la buenaventura” y menos un respiro en medio de las “malas nuevas”. Otra vez la publicidad que encierra el monocorde discurso del Gobierno queda en ridículo.

Y es que las cifras que nos anuncian no traen “la buenaventura” y menos un respiro en medio de las “malas nuevas”. Otra vez la publicidad que encierra el monocorde discurso del Gobierno queda en ridículo. 
Los datos oficiales llegan a la conclusión, por ejemplo, de que la recuperación a Galicia ni llegó ni se le espera para la vuelta de la esquina. Por ejemplo, el empleo: la mitad de nuestra masa laboral tiene un trabajo en precario con un salario por debajo de la media en todo el país. 
La creación de empleo en Galicia supone que estamos “a la cola” en esa recuperación anunciada desde Moncloa y repicada desde el Partido Popular. De cada cien empleos que se generan en España a Galicia le corresponden únicamente tres.
Y con este panorama nos llega otro anuncio: los alquileres suben doce veces más que los sueldos. La llegada al poder de Rajoy y el abrazo a la política marianista dio un vuelco a la creación de viviendas sociales y abrió la puerta para la entrada de los llamados Fondos Basura que, por ejemplo, han multiplicado por un trescientos por cien su negocio. 
Hay otro dato indiscutible: Rumanía y Portugal nos aventajan en la creación de un fondo para viviendas sociales y solo Chipre y Malta “nos gana” en esa política suicida que significa, por ejmplo, que las familias con menos poder económico reciban otro “palo” en su precariedad. Se calcula que más de siete millones de familias no podrán pagar los alquileres que hoy marca el mercado…
Y es que no hay respiro: sube la luz, se recortan los gastos sociales y se apuntilla al ciudadano con decisiones políticas que sacrifican a la parte más débil de la población.
Sí hay negocio para los que manejan el cotarro económico. Los beneficios de la banca, unidos al cierre de oficinas y al despido de personal, alcanzan cifras que ponen los pelos de punta si se comparan con las cantidades que “mueve” el personal con el sudor de su trabajo. 
Y mientras el autismo de Moncloa, encerrados en  su palacio de cristal, les impide escuchar el ruido de la calle. A la marea ciudadana –jubilados, estudiantes, funcionarios de prisiones, etc.– se une ahora las protestas de las “batas blancas” que denuncian los recortes en sanidad y, aquí, el amiguismo de la Xunta fichando a profesionales que apoyan con su política de recortes.  
Y no vamos a mirar para otro lado. A su política, respuesta en la calle ahora y en las urnas después. Sin respiro.