• Martes, 13 de Noviembre de 2018

Cifras y letras

tomo prestado el título de un viejo y exitoso concurso de la TVG, donde números

tomo prestado el título de un viejo y exitoso concurso de la TVG, donde números y  frases formaban la argamasa del programa. Y es que, aquí y ahora, en  la relación entre lo que nos cuentan y lo que hay fallan los números por mucha literatura que le echen los políticos. 
Por un lado, parece que cada día hay más ricos en Galicia (según el catastro trescientos y pico mil declarantes tienen más de una docena de bienes) y, por otro lado, el noventa por ciento de los contratos laborales de estos meses son precarios (mucho curro, pocos cuartos y por escaso tiempo), a lo que se añade la noticia de que “el comercio gallego estanca su facturación”. 
Y con la vista puesta al exterior el paisaje nos ofrece otra referencia: el turismo da tanto empleo como lo hacía el ladrillo en aquellos tiempos del “boom”,  y porque los dos millones y medio de ciudadanos que trabajan en el sector turístico (aquí siempre aparece a la vuelta de la esquina un pero) con la mitad del personal con contrato temporal y con salarios más bajos que los ofrecidos, antaño en el sector de la construcción. 
Según una encuesta del Instituto Nacional de Estadística, la diferencia es de más de cinco mil euros al año. Estos son los datos: cifras y letras que se esconden tras la literatura que presentan nuestros políticos y la realidad matemática.
Muchos se atreven con el diagnóstico: el profesor Joan Herrera, por ejemplo, achaca la fragilidad de la economía española “a la falta de control y transparencia del sector financiero, de las grandes constructoras y el sector energético que han contribuido a lastrar el posible crecimiento y competitividad” y critica la lógica que se aplica a la socialización de las perdidas mientras se privatizan las ganancias. 
Tal vez el ejemplo más recurrente es la banda nacida al calor de Goldman Sach Y hay cifras y letra “dabondo” para poner ejemplos al respecto y reflejar la desigualdad que lastra nuestra democracia y perjudica a los más desfavorecidos. 
Parece claro que una mejora de la economía española no se le puede encargar a los que la destrozaron, verdaderos pirómanos que dejaron quemado medio país, sino al Gobierno, al Poder Ejecutivo, para que eviten que unos cuantos tomen como súbditos a los más débiles del país. 
Por eso es necesario un gobierno que recupere, para los ciudadanos, lo perdido en el tránsito de la crisis.