Lunes 19.11.2018

Algo ha cambiado

Y no solo por que hay más ministras que ministros, que también, ni por el desarrollo del acto de toma de posesión, sino por la sensación que tiene la ciudadanía de que, esta vez, la sociedad civil llega a tomar las riendas en este viaje hacia el futuro.

Y no solo por que hay más ministras que ministros, que también, ni por el desarrollo del acto de toma de posesión, sino por la sensación que tiene la ciudadanía de que, esta vez, la sociedad civil llega a tomar las riendas en este viaje hacia el futuro. 
Y es que la mayoría de los nombrados son altos técnicos que han desarrollado sus capacidades desde las proximidades de la política y la política no es su única seña de identidad. 
Si usted se toma el trabajo de repasar el currículo de los nuevos administradores, podrá comprobar su alto nivel en el terreno que ahora deben “abonar” y, de forma complementaria, su decisión de volver a su país, para volcar aquí todo lo que fueron aprendiendo fuera. 
Alguna sorpresa deparó la lista que Sánchez presentó a la sociedad y al rey, como n el caso del juez Marlaska, que progresó en su carrera con la ayuda del Partido Popular, pero al que se le podrá juzgar por sus actos más que por su pasado. 
Quedan en el aire algunos detalles que deben materializarse con el paso (y a paso de marcha, no pasito a pasito) del tiempo como la declaración de la nueva titular de la cartera de Justicia, al mostrarse partidaria de ahondar en la justicia universal, algo que sus antecesores tenían más bien en el cajón de los papeles olvidados. 
Alguien ya reconoció a este Gobierno como modernizador, europeísta y feminista, mientras otros apostillaron que “si el de Zapatero había sido “el Gobierno del talante,  este era el del talento”. 
Algo ha cambiado en los primeros minutos de vida del nuevo Gobierno, pero hay mucho tajo por delante, muchos desafíos y poca paciencia en los recién desalojados, que siguen, desde distintos frentes, negando la legalidad y legitimidad al nuevo equipo y mantienen –entre insultos y descalificaciones– con un relato exagerado sus logros mientras esconden sus pecados. 
Aún no se enteraron de que son los ciudadanos –a través de sus representantes en el Congreso– los que los echaron, confiando a los recién llegados que reparen las injusticias, acaben con la desigualdad, reduzcan las bolsas de pobreza, repartan las cargas de un modo solidario, devuelvan la dignidad a la democracia y sean inflexibles con la corrupción y no engañen a la ciudadanía. 
No será fácil, pero es posible. Y se equivocarán si continúan con su actitud sectaria. Ojalá cunda el ejemplo vivido en el traspaso de poderes y quede claro que algo ha cambiado.

Algo ha cambiado
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