Lunes 10.12.2018

Sobrevivir al egocentrismo

Observo, con tristeza, como existen demasiadas personas que viven ajenas

Observo, con tristeza, como existen demasiadas personas que viven ajenas a la realidad social. Encerrándose en su propio mundo y vacunadas contra todo lo que no les afecta directamente. Solo alzan la voz o manifiestan su indignación y malestar cuando son conscientes de ser víctimas de alguna circunstancia concreta. De lo contrario nada les afecta. Sobreviven encerradas en su egocentrismo, creándose un mundo en los que son sus principales protagonistas.
Siempre tienen una opinión y consejo para todo y se creen sus propias mentiras y paranoias. Los equivocados y fracasados son los demás, ellos son los poseedores de la verdad absoluta y los “triunfadores” de la sociedad, creada a su imagen y semejanza. Todo ello es fruto de su propia imaginación.
Estas personas no entienden de solidaridad, caridad, humildad, tolerancia, etc. Habitualmente son soberbios, xenófobos, no miran más allá de si mismos. No son capaces de empatizar con nadie y solo se mueven por interés. Cuando se acuerdan o piensan en alguien es para obtener algo a cambio. No tienen humanidad, solo buscan su lucro personal y para ellos “el fin siempre justifica los medios”.
Cada vez hay más personas egocéntricas y ya están acostumbradas a sobrevivir en su jaula de cristal, lejos de los demás mortales. Su filosofía vital les lleva a una felicidad oculta bajo el manto de la hipocresía. “Comamos y bebamos que mañana moriremos”, es una de sus máximas. Que la mayoría de personas lo estén pasando mal, poco les importa. Creen que las cosas nunca cambiarán y el mundo estará, siempre, en manos del poder económico: “Tanto tienes, tanto vales”. No se dan cuenta de que son víctimas de su propia ignorancia y cobardía. Lo pero es que nadie echa en falta su presencia, incluso se agradece porque todo lo que les rodea se convierte en negatividad.

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