• Domingo, 23 de Septiembre de 2018

El papel real del Rey

Es verdad que la Constitución limita y acota el papel del Rey en el proceso de investidura del presidente del Gobierno, de lo cual puede desprenderse en buena lógica que su misión debe ser neutral, al estilo de la monarquía británica. Nada que objetar a ese perfil técnico del Rey.

Es verdad que la Constitución limita y acota el papel del Rey en el proceso de investidura del presidente del Gobierno, de lo cual puede desprenderse en buena lógica que su misión debe ser neutral, al estilo de la monarquía británica. Nada que objetar a ese perfil técnico del Rey. Tendríamos que tras la renovación del Congreso, el Jefe del Estado, previa consulta con los representantes designados por los grupos con representación parlamentaria, y a través de la Presidenta del Congreso, propondrá un candidato a la Presidencia.
Es verdad que tanto este rey como el anterior se han adentrado en la política, a propósito de los asuntos territoriales, ante los que (inspirados por el Gobierno de turno) tomaron partido. Así sucedió a menudo con su postura ante los partidos unionistas y nacionalistas, sobre todo en Cataluña, pero a veces en el País Vasco. Por tanto, si esa exquisita neutralidad del Rey en la investidura está bien, otras situaciones alejadas de la neutralidad no lo estarían.
La realidad conocida demuestra que el rey anterior hacía las cosas de otro modo, sin que los grandes partidos calificasen sus actuaciones de inconstitucionales. Al contrario, Juan Carlos I fue elogiado por ese tipo de misiones de engrase, especialmente intensas al comienzo de la Transición. Felipe VI tiene perfecto derecho a reinar de otra manera.
¿Se trata entonces de que el Rey no respete los preceptos constitucionales en el proceso de investidura? Obviamente, se trata de que sea más imaginativo. Un ejemplo: ¿vulneraría algún precepto constitucional si reuniese a los principales líderes de manera informal, más allá de irse viendo con cada uno de ellos en una ceremonia acartonada?
Tal vez el gran reto de este rey sea la creación de valores. Un ejemplo más: si se convierte en un líder que habla como Rajoy cuando analiza el caso de Cataluña, su mensaje no calará entre todos los catalanes y solo dará satisfacción al resto de los españoles. Si, por el contrario, construye valores propios puede ser que consiga que nadie le tosa cuando tome ciertas iniciativas.
La Constitución también dice que si, a partir de la primera votación de investidura, ningún candidato hubiere obtenido la confianza del Congreso, el Rey convocará nuevas elecciones. ¿Pero es ése un objetivo? 
El papel real del Rey también puede ser otro no menos constitucional, aunque unos y otros lo digamos con distintas palabras. Constitucionales, por supuesto.