• Viernes, 21 de Septiembre de 2018

La rana y el escorpión

en la fábula del escorpión y la rana atribuida a Esopo, el escorpión le pide a la rana

en la fábula del escorpión y la rana atribuida a Esopo, el escorpión le pide a la rana que le ayude a cruzar el río prometiendo no hacerle ningún daño, ya que en caso contrario, morirían ahogados. La rana accede subiéndole a sus espaldas, pero cuando están a mitad del trayecto, en una zona del río donde había remolinos, el escorpión le pica a la rana. Esta, desconcertada, le pregunta: “¿Cómo has podido hacerme algo así? Ahora moriremos los dos”. El escorpión responde: “No he tenido opción, es mi naturaleza”.
Una moraleja de esta pequeña historia suele aconsejar que no hay que tratar de engañarse con alguien egoísta, creyendo que puede volverse solidario, ya que hay personas que sacarán sus ambiciones sin importarles las consecuencias de sus actos, incluso si se dañan a sí mismas.
El cine y la música han recreado la fábula a su manera en infinidad de ocasiones. En cambio, hay menos constancia de políticos que evocan a la rana y el escorpión, salvo quizá la expresidenta argentina Cristina Fernández de Kirchner cuando hizo referencia a esta fábula para referirse al sector financiero argentino, que no sería precisamente la rana.
¿En la España de hoy es Pedro Sánchez la rana de la fábula? ¿Podría ser Quim Torra el escorpión? ¿O tal vez Carles Puigdemont? Depende.
Si los independentistas le pican a Sánchez, hasta lograr ahogarlo, saben que aunque ellos sobrevivan –supuesto bastante improbable en una zona de remolinos– no llegará nadie del PP ni de Ciudadanos dispuesto a ayudarles a cruzar el río, camino de su tierra prometida. Más bien intentarán ahogarles ya en la orilla.
Los independentistas, desocupados de gestionar el bienestar de los ciudadanos, se sienten por encima del bien y del mal, creyéndose invulnerables. Es comprensible que, debido a sus ambiciones personales, Puigdemont esté dispuesto a todo –¿qué otra opción le queda si baja la cabeza?–, pero también es improbable que Torra y, sobre todo, su socio ERC sigan al pie de la letra su estrategia. Otro 155 y más detenidos ya no mola, con lo cual no habría que renunciar a la realpolitik o a un sucedáneo de la política basada en intereses, más que en sueños. No hay que descartar el conflicto total –el objetivo de la CUP y de los independentistas radicales– pero tampoco lo contrario, aunque sólo sea para ganar tiempo, a la espera de que el soberanismo sea realmente mayoritario en Cataluña.
Si en España se asienta Pedro Sánchez es probable que haya diálogo político sobre Cataluña. Si vuelve alguien afín a Rajoy, ni siquiera eso, como ya se ha visto. Para el independentismo la cosa se reduce a elegir entre guatemala y guatepeor. El papel de la rana es conocido y es fácil encontrarle intérprete. En cambio, el papel del escorpión no está ni siquiera definido, lo cual dificulta buscar a un buen actor para hacer ese alambicado papel.