Miércoles 14.11.2018

Feijóo no solo juega en Galicia

Ante la crisis institucional que vive España –un país sin Gobierno–, septiembre será un mes de especulaciones políticas, pero no de resultados prácticos.

Ante la crisis institucional que vive España –un país sin Gobierno–, septiembre será un mes de especulaciones políticas, pero no de resultados prácticos. Hasta que pasen las elecciones gallegas y vascas del 25-S, los implicados en la resolución de la crisis difícilmente podrán aportar soluciones, maniatados por sus intereses electorales y la incertidumbre de los mismos. En realidad, son tan difíciles todas las alternativas que no hay que descartar las terceras elecciones generales una semana antes del turrón.
La prioridad de los grandes partidos es hoy más casera y pasa por preservar la unidad interna, especialmente en el caso del PP, donde Mariano Rajoy viene de una derrota inédita en la democracia española: un presidente de Gobierno que no alcanza la investidura. Las diferencias internas entre los populares son conocidas, pero, lejos de manifestarse ante el fracaso de Rajoy, se expresaron a costa del controvertido nombramiento del exministro Soria –salpicado por los papeles de Panamá– para un puesto en el Banco Mundial. El resultado es el mismo: el mensaje de unidad de la ejecutiva del PP sale tocado.
A Rajoy le preocupa tanto la unidad porque sabe que hay malestar en las organizaciones del PP en algunas comunidades autónomas. Y si quiere volver a tener opción a un nuevo intento de ser investido o a ser de nuevo candidato en unas terceras elecciones, también sabe que debe cerrar filas.
Las elecciones gallegas pueden ser ahora decisivas: tanto para Pedro Sánchez, que aspira a salvar los muebles, como para Rajoy, consciente de que en el partido hay barones que quieren sacar adelante la opción de Alberto Núñez Feijóo. Si el líder gallego del PP renueva su mayoría absoluta en tiempos como los actuales, no sólo en Galicia pensarán en él como la solución para su partido.
En la otra orilla, la alternativa de Sánchez pasa por un acuerdo a tres PSOE-Ciudadanos-Podemos, lo cual exige responder primero a si dejarían Pablo Iglesias y Albert Rivera de vetarse mutuamente. Si así fuese, Pablo Iglesias estaría reconociendo su error de no apoyar el pacto PSOE-Ciudadanos de marzo. No parece fácil, pero en la política española cualquier cosa parece posible.

Feijóo no solo juega en Galicia
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