• Miércoles, 19 de Septiembre de 2018

Casado, renovación y giro

Pablo Casado, flamante presidente del Partido Popular, una formación

Pablo Casado, flamante presidente del Partido Popular, una formación básica del sistema democrático español, se hizo con el poder interno en su organización frente a Soraya Sáenz de Santamaría, a la que se comprometió a integrar. A primera vista, gana un político joven, de otra generación –José María Aznar y su sucesor, Mariano Rajoy, eran de la misma–, que dará un giro, se supone que a la derecha, aunque condicionado por la influencia del voto de centro, que no podrá perder de vista, si además de ser presidente del PP quiere ser presidente del Gobierno.
Casado no llega solo. El apoyo de los compromisarios afines a otros candidatos en las primarias –singularmente los de María Dolores de Cospedal– condicionarán su estrategia política, que tampoco será ajena a otra influencia importante, la del presidente de la Xunta, Alberto Núñez Feijóo, de perfil más moderado que el propio Pabo Casado y María Dolores de Cospedal. La presencia del coruñés Diego Calvo, presidente de la principal organización provincial de los populares gallegos, seguramente no pasará inadvertida en esta nueva singladura del Partido Popular.
De puertas adentro, a Pablo Casado le aguarda también un trabajo de integración de otras sensibilidades, evitar más problemas con la controversia sobre sus estudios y esquivar los lastres de un partido tocado por la corrupción, con un rosario de juicios pendientes. No será tarea fácil, si bien él puede sentirse ajeno a esa etapa negra del PP de Mariano Rajoy.
Para sus competidores electorales, Casado significa una amenaza; sobre todo para Albert Rivera, cuyo perfil personal e ideológico tendrá ahora más dificultades para diferenciarse. Para Pedro Sánchez, tal vez no resulta tan inquietante que emerja Pablo Casado –se supone que se dirigen a públicos distintos–, pero la política desata a veces situaciones inesperadas.
El estilo de Casado no es tan distinto y su mensaje, a priori más derechista, ya veremos en que deriva. Para la economía, que a menudo es lo que más importa, Casado abandera una fiscalidad baja, tanto para particulares como para empresas. También marca su discurso económico su objetivo de dinamizar el crecimiento y el emprendimiento. No son malas credenciales para una parte importante del electorado.
A priori se ve a Pablo Casado como alguien que llega para recuperar las esencias del aznarismo pero incluso si así fuese habrá que preguntarse con qué aznarismo. José María Aznar es recordado por su etapa final, francamente negativa en casi todos los sentidos, pero antes tuvo una mayoría absoluta en el año 2000 con un perfil moderno para la época, de la mano de Josep Piqué y otros políticos de corte centrista. Simplificar y etiquetar rara vez conduce al acierto en el análisis político con profundidad. Tiempo habrá para ver qué da de sí Pablo Casado.