lunes 26/10/20

LA GRIPE POLÍTICA

La vacuna contra la gripe que desde el lunes recomienda el servicio de salud para prevenir esta enfermedad es la metáfora que mejor expresa las medidas de prevención que hay que tomar contra la “gripe política” que amenaza con contagiarnos a todos de aquí al 20 de diciembre.  
¿Por qué hay que vacunarse contra el virus político? Sencillamente porque a lo largo de estos dos meses van a mitinear por aquí decenas de candidatos que vendrán a “hablar de su libro”, de su proyecto político y de su programa electoral para captar los votos del personal. 
Ellos saben que los ciudadanos, muy castigados en los últimos años, están hartos de ser los primeros en pagar las facturas de la crisis; pierden la esperanza, porque, pese a la recuperación oficial, no ven horizontes de futuro; y están desencantados con los políticos, especialmente con los gobiernos anterior y actual, que en ocho años no supieron sacar al país de esta crisis de la que están saliendo otros países porque sus gobiernos hicieron mejor las cosas. Con este terreno abonado de agravios, muchos candidatos llegarán con ocurrencias y promesas milagrosas que halagarán el oído a la gente que, pasándolo tan mal, es muy vulnerable.  
Por eso es necesaria la vacuna. Con dosis de sensatez que inmunice contra las recetas de laboratorio que no suelen dar resultado para solucionar problemas complejos. Y dosis de inteligencia para analizar propuestas y programas hasta saber que solo es solvente y creíble aquello que va acompañado de planes de acción concretos y un presupuesto que garantice su realización. Todo lo demás, todo lo que no se cuantifique  económicamente, son mentiras envueltas en demagogia para cautivar a crédulos e incautos.  
Muchos electores tienen ganas de “venganza política” para castigar lo que hay, para depurar a unos y otros, y esperan la apertura de las urnas para pasar factura a los viejos partidos, aunque eso signifique dar un revolcón al sistema. Para otros, más racionales, esta es la hora en la que debe prevalecer el voto reflexivo, el voto de la razón, sobre el voto del cabreo. 
Entre otras razones porque, piensan ellos, el remedio puede ser peor que la enfermedad, la venganza sobre lo viejo puede inocular en el cuerpo social dosis de inestabilidad política e incertidumbre económica, peligrosas para todos. Don Ciprián de Penalva expresaba esto mismo con una de sus sentencias: un país mal gobernado es una desgracia, pero siempre es mejor para vivir que un país ingobernable.

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