• Martes, 25 de Septiembre de 2018

Pepe de Cora, un todoterreno

Cuando la Asociación de Periodistas de Galicia (APG)

Cuando la Asociación de Periodistas de Galicia (APG) puso en marcha el premio de columnismo periodístico “José Luis Alvite”, fuimos conscientes de que además de rendir un tributo al periodista que mejor  ha sabido utilizar la metáfora, la hipérbole y todo con lo que se quiera aderezar un buen artículo de opinión, buscábamos también que se reconociera a los compañeros que día tras día nos ofrecen su visión de la actualidad a través de las páginas de un periódico, en los diales de la radio y la televisión, o en las redes sociales.
Llegamos ya a la tercera edición de un premio que lo único que busca es que los compañeros reconozcamos el trabajo de otros periodistas y que lo hagamos público para general conocimiento.
Esta tarde estaremos en Lugo para hacer entrega a José de Cora Paradela, un auténtico todoterreno de la profesión, de la réplica de una columna periodística en forma de trofeo, con la que le reconocemos el gran trabajo diario que hace para tenernos pegados a la actualidad con la mirada de un periodista y formador de periodistas desde hace más de cuatro décadas.
Conozco a Pepe de Cora, para mí será siempre Pepe, desde hace más de tres décadas. Lo he seguido y leído durante todos estos años y me reafirmo en mi calificativo de que es un todo terreno. Prensa escrita, radio, televisión, agencias, cine y ahora las redes sociales, han sido su caldo de cultivo para juntar letras, muy cargadas de humor, y desgranarnos la actualidad. Y por si esto era poco también lo he seguido como narrador y novelista. Géneros que ha cultivado siempre desde la óptica de un periodista que profundiza en los temas históricos y políticos. 
Pepe de Cora ha sabido buscar su lugar dentro de esta siempre difícil profesión de periodista. Y lo supo hacer viniendo de abajo hacia arriba: corresponsal, redactor, redactor jefe, y director. De este modo conoció este bello oficio que nace y muere todos los días.
Esta tarde cuando el Día Mundial de Libertad de Prensa comience a declinar, volveremos a hablar de nuestra profesión y de las vivencias surcadas a través de ella. Volveremos nuestra mirada atrás, sin convertirnos en estatuas de sal, y veremos que, en poco más de tres décadas, nuestra profesión ha dado un cambio tan drástico y radical que cuando lo explicamos a las nuevas generaciones apenas nos creen. 
Hoy los lectores habituales me tienen que perdonar. He movido con fuerza el agua hacia mi molino, nuestro molino, el de los periodistas. La ocasión se lo merecía y nuestro protagonista, barbado al estilo Papa Noel, seguramente se sentirá satisfecho de ese abrazo simbólico que le da toda la profesión y que yo haré de forma personal. Y que la fuerza nos acompañe para seguir juntado letras día tras día.