• Sábado, 22 de Septiembre de 2018

Asumir responsabilidades

cuando me enteré de lo ocurrido en el puerto de Vigo, gracias a un whatsapp

cuando me enteré de lo ocurrido en el puerto de Vigo, gracias a un whatsapp enviado por un compañero periodista en la madrugada del domingo pasado, en verdad que me asusté. Un familiar muy cercano y de la edad de mi hija, lleva años viajando de Ourense a la ciudad olívica para estar presente los tres días que dura O Marisquiño. Con el paso de las horas supe que no le había pasado nada.
Que no fue uno de esos cientos de jóvenes que disfrutaban sobre la pasarela portuaria, saltando y cantando, mientras seguían la actuación de uno de sus ídolos que ponía el broche final de un evento con múltiples aristas. Ahora, transcurridos largos cuatro días en los que las armas arrojadizas y dialécticas entre políticos dejaron en claro que para ellos la mejor defensa es el ataque, es el momento en que se debe permitir que la investigación, por los cauces judiciales, llegue hasta las últimas consecuencias, y determinar las responsabilidades políticas de los mandatarios de las administraciones involucradas; las personales de los técnicos, y las organizativas de los responsables del evento, para que no vuelva a ocurrir un suceso de estas características en una noche de verano en la que los padres dejan que sus hijos asistan a un concierto para divertirse y que te avisen de que ha sufrido un accidente y está ingresado en un hospital.
En verdad que la postura mantenida por dos políticos de signo contrario: Abel Caballero del PSOE y alcalde de Vigo, y Enrique López Veiga, del PP y presidente del puerto ,es poco edificante. Ambos, con televisiones y radios dando el minuto a minuto de sus palabras, se quisieron quitar de encima la posible responsabilidad del hundimiento de la pasarela, mientras que varios cientos de jóvenes estaban aterrados por lo que les había sucedido, sus padres muy preocupados y la sociedad demandando cordura ante un suceso que pudo teñir de mucho dolor el verano gallego.
El político que acepta libremente un cargo tiene que ser consciente de la responsabilidad que asume en el momento que toma posesión, y que es el administrador de los bienes públicos que pagamos todos los ciudadanos con nuestros impuestos, y no el jefe de una parcela que maneja como le viene en gana...
La de Vigo, para mi modesto entender, es una total y absoluta dejación de funciones en lo relativo al mantenimiento y conservación de una pasarela que quizás por las olas de nuestro Atlántico y portadoras de salitre debilitó la estructura encofrada con el hierro e hizo que doblase como si se tratase de un amasijo de goma.
Abel Caballero y Enrique López Veiga, por sus enfrentamientos y acusaciones veladas y directas ante las cámaras, en el día de hoy tenían que estar trabajando en sus puestos laborales y tendrían que haber presentado su dimisión, un verbo que se conjuga muy malamente en nuestro país. No se puede jugar con las responsabilidades cuando los sentimientos de cientos de familias están a flor de piel. En verdad ustedes son un mal ejemplo para nuestra juventud. Por dignidad ¡vayánse!