martes 22/9/20

Teresa o el sol por dentro

Rafael Álvarez “El Brujo” es un todo terreno de la escena española. Creador, autor, director, intérprete. Burlón irónico, crítico, mordaz. Sus obras profundizan en los recovecos del alma humana y pulsa sus cuerdas para arrancarles las más bellas melodías.
 

Rafael Álvarez “El Brujo” es un todo terreno de la escena española. Creador, autor, director, intérprete. Burlón irónico, crítico, mordaz. Sus obras profundizan en los recovecos del alma humana y pulsa sus cuerdas para arrancarles las más bellas melodías. El Rosalía, correspondiente al ciclo principal, ofreció dos brillantes actuaciones de “Teresa o el sol por dentro” colgando el anhelado cartel de agotadas las localidades. Una obra poética, vibrante, buscando la morada del castillo interior, o muriéndose pro no ser capaz de morirse. También alusiones a San Juan de la Cruz, aquel santico que tras encarcelamientos y persecuciones, siguió los dictados de la fundadora y puso amor donde no lo había para sacar amor. Ascética y mística. Vocablos que suenan raros en el arreligioso mundo actual. El primero, alma que desnudándose asciende al encuentro con Dios; el segundo, Dios que desciende hasta al hombre para invadirlo y anegarlo en éxtasis mucho antes que un tal  Freud hablase de psicoanálisis. 
Tan singular espacio lo llena nuestro cómico. Luchando con fantasmas y soledades. Centrando la vida de Teresa desde el sol, tras el descubrimiento de Galileo como rey de nuestro sistema planetario. Referencias históricas: Carlos I, Felipe II, comuneros, germanías, préstamos para sufragar guerras. Mientras tanto ella con su lenguaje coloquial abriendo conventos España adelante. “Que lleve más estilo de ermitaño y gente retirada-arenga a una priora-que no ir tomando vocablos de novedades y melindres”. Porque el monologuista entremezcla hechos de entonces y hoy. Así el eurodiputado polaco Janusz Korwin-Mikke que considera inferiores a las mujeres, la corrupción que padecemos, al lado de las togas judiciales, los políticos que sufrimos y otros monaguillos que siempre creen en salvo al que repica… 
Un magnífico espectáculo que enraizamos con los sueños de Quevedo. Aplaudidísimo. Con epílogo sobre La Coruña y el Rosalía como cenáculo cultural. 
 

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