• Jueves, 20 de Septiembre de 2018

La obra de la Marina

Pese al tiempo transcurrido entre el inicio y la conclusión de la obra de la Marina, esta sigue sin convencer a nadie, salvo a sus promotores, entre los cuales se haya el presidente de la Autoridad Portuaria.

Pese al tiempo transcurrido entre el inicio y la conclusión de la obra de la Marina, esta sigue sin convencer a nadie, salvo a sus promotores, entre los cuales se haya el presidente de la Autoridad Portuaria. No puede alegar que al paso del tiempo se le otorgará el verdadero valor, cuando nació sin él. Queda por delante el remediar el feísmo que se observa a la vista del viandante: una solana veraniega y un infernal paseo en invierno. ¿Dónde está el auténtico valor de una obra que finiquitó un paisaje orgullo de los coruñeses? Salvo que se lleven a efecto obras complementarias para solucionar el desaguisado hecho.
Pernoctar en una ciudad que no tiene aliciente de cara al visitante es absurdo. El encanto coruñés de aquella parte de la ciudad desapareció y encima se cerró al tráfico rodado su superficie, excepto los que tienen el calificativo de servicio público, lo que ha supuesto ahondar en el error cometido, de que la avenida de la Marina es una entrada natural diseñada para alcanzar la parte alta de la ciudad y una vía de comunicación hacía Monte Alto. Ahora sin vía de acceso, es colocar una barricada en medio de la nada, con los graves perjuicios que lleva a los habitantes de la zona del istmo de la parte alta. Lo que se traduce en una pérdida económica para aquellas populosas zonas, reflejada en el comercio en general y que lo notarán también los hosteleros en sus ingresos al final de la pobre campaña veraniega, con menores ventas, pese a ocupar una mayor superficie con sus terrazas.
Si se sigue en la actual tozudez de pensar que la gente va a pasear por la zona tan desprotegida, está en un error de situación, nada invita a ello. Es más, pese al espacio, se observa más gente entre la calle Real, los Cantones y Riego de Agua que por el desierto empedrado de la Marina-Parrote. No se puede excluir a los vehículos de la vida cotidiana de la ciudad, ya que se expulsa a la gente que acude a ella; hay suficientes razones para creer que es una medida errónea. Los tiempos actuales son de movimiento en vehículo y disfrutar de sus aportaciones; no se puede sustituir este medio pensando en una bicicleta, que se puede utilizar de modo alternativo, para darse una vuelta por la ciudad, pero no para acceder a ella, A Coruña cuenta con una situación vial muy peculiar, ya que todas sus vías fueron realizadas de modo que permitiesen una salida y entrada en la forma en que está constituida por su proceso natural de la orografía de su terreno y no al revés. Para ello habría que desmantelar todo y reedificar de nuevo bajo las premisas de no otorgar al vehículo la prioridad que tiene. Por tanto, la vía de acceso a la ciudad por la Marina se ha convertido en un nudo gordiano sin vías de solución y con notables perjuicios económicos para el sistema comercial de la ciudad.
Son precisas soluciones que reformen este proyecto y conciliar vehículos y peatones en dicha vía, no puede ser que accedan los vehículos dedicados al servicio público y el resto no, que para ello también pagan sus impuestos. Según la Constitución, todos somos iguales ante la Ley, ó no.