• Miércoles, 26 de Septiembre de 2018

Gobierno, sindicatos y empresarios han acordado elevar el salario mínimo en los próximos tres años hasta alcanzar los 850 euros en 2020. Tanto la subida como el hecho de que se haya alcanzado un acuerdo en materia social son buenas noticias, solo matizadas por el hecho de que, pese a este incremento, nuestro salario mínimo aún quedará lejos de otros países a cuyos derechos sociales nos gustaría aspirar. Estamos en la mitad de la tabla, tan alejados de la cola Bulgaria como de la cabeza.
No estaría mal que esta subida del salario mínimo, que es una especie de índice de referencia, se trasladase a los salarios reales que los trabajadores cobran y que se han visto congelados o recortados en los últimos años. Y tampoco sería descabellado que esa mejora contribuyese a acortar la brecha salarial que existe entre los sueldos más altos y los más en una las empresas. “Diferencias abismales” documentadas en un informe de Oxfam Intermón según el cual esta brecha ha aumentado en los negros años de la crisis. La organización ha detectado diferencias escandalosas en algunas empresas en las que los primeros directivos cobran 112 veces el salario medio de la empresa. Y esa diferencia en el reparto de los beneficios no cae del cielo. Se decide. Según Oxfam Intermón, entre 2014 y 2016 la retribución de los principales ejecutivos creció un 40%, mientras que los salarios medios solo se incrementaron un 0,3%.
No pondremos en cuestión que la responsabilidad empresarial debe estar justamente retribuida. Pero diferencias tan estratosféricas son radicalmente injustas. Y con ellas se va construyendo un mundo inhumanamente asimétrico en el que el número de personas millonarias crece al mismo ritmo que el de las personas que viven en la precariedad, y en el que, mirando a nuestro país, solo tres personas acumulan tanta riqueza como el 30% de la población más pobre del país. Así que, si consideramos el salario mínimo como la referencia por debajo de la cual consideramos que es difícil vivir con dignidad, sería conveniente establecer una ratio entre sueldos altos y bajos que señalase también el límite por encima del cual un salario elevado también se considere indigno. Porque indigno parece el injusto reparto de la riqueza.