• Domingo, 23 de Septiembre de 2018

Un país que se precie de serlo es el que, entre otras cosas,

Un país que se precie de serlo es el que, entre otras cosas, tiene unas leyes razonables, que se cumplen y donde los que las violan son castigados por la Justicia y mal vistos por la sociedad; una sociedad organizada y solidaria, que protege a los más jóvenes y cuida a los mayores que ya lo han dado todo; una nación que tiene una educación universal y de calidad y una sanidad que funciona y que cura a los que tienen enfermedades o una Justicia que aplica la ley con equidad y a tiempo. Entre otras muchas cosas.
El nuestro parece mucho más el país de las ocurrencias institucionalizadas. Una sociedad limitada, o no tanto, que permite el esperpento cuando se trata de elegir al presidente de una autonomía que aspira, sin ninguna posibilidad, a ser una nación independiente y que reduce la política a un espectáculo circense donde el “más difícil todavía” se produce todos los días para sorpresa y lamento de los ciudadanos que les sufren.
Y ese esperpento, además, impide que los políticos se dediquen a lo que de verdad importa, oculta los problemas reales y favorece un comportamiento similar en otros ámbitos de la vida que exigen una respuesta inmediata a problemas graves, soluciones que duren para que no estén expuestas a los vaivenes políticos. Los ciudadanos no tienen la culpa de que los políticos no sean capaces de ponerse de acuerdo en temas como la educación o la justicia. Pero pagan las consecuencias.
Otro tanto se puede decir de los salarios y las pensiones, donde la capacidad “imaginativa” de unos y de otros no tiene límites. Hace unos días, el secretario general del PSOE proponía un impuesto a la banca –que luego ésta repercutiría sobre sus usuarios– que recaudaría 800 o 1.000 millones, cuando el problema es de más de 15.000 cada año. Comisiones Obreras pide salarios mínimos de convenio de 1.000 euros, pero sin un análisis de las consecuencias: más trabajo sumergido, menos creación de empleo...
La UGT quiere liberar 16.000 millones de los que se destinan a pensiones para que salgan de los impuestos. Deben pensar que eso es algo que pagan los de Marte. Y la ministra de Trabajo lanza un globo sonda para que las pensiones se calculen sobre las cotizaciones de toda la vida laboral y no sobre los últimos veinte o veinticinco años, una mejora que puede ser justificable y que es limitada en su aplicación, pero que ni aborda el problema de la precariedad de la Seguridad Social ni su financiación a corto plazo ni plantea medidas para hacer frente a un sistema superado por la realidad.
¿Es tan difícil que los políticos se sienten, dentro del marco del Pacto de Toledo o fuera de él, analicen los cientos de informes que han hecho los expertos de todos los colores y acuerden un sistema que garantice que podremos cobrar una pensión y vivir, mejor o peor, cuando dejemos de trabajar? Con cotizaciones, con impuestos o con otras medidas. Propuestas reales y consensuadas frente a “ocurrencias, sociedad limitada”. Ya les vale.