• Miércoles, 19 de Septiembre de 2018

Las “otras” Españas

Algunos sostienen que hay muchas Españas y seguramente tienen razón.

Algunos sostienen que hay muchas Españas y seguramente tienen razón. Pero las que importan de verdad no son tanto las que están todos los días en la lucha política por la distinción, muchas veces falsa, que separa a unos de otros por ideas o por lenguas, sino las que condenan a una parte de la población a ser ciudadanos de segunda, mientras otros viajan en primera clase. Las Españas que preocupan, que deberían preocupar, son las que enfrentan graves desigualdades y casi nunca encuentran espacios para reducirlas. Las de los “otros” españoles.
Hay una España vacía, sin los servicios básicos, sin juventud y sin empleo de la que cada vez huye más gente y donde solo se quedan los que no pueden marcharse, casi siempre los mayores. Una España sin futuro. Y otra, demasiado poblada, con todos los problemas y defectos de la superpoblación, pero cargada de oportunidades, de servicios, de oferta cultural. Y de jóvenes con escasas esperanzas de encontrar un trabajo digno, un sueldo justo, una vivienda accesible, una posibilidad de formar una familia sin tener que prescindir de casi todo.
Hay una España rica, muy rica, y una España pobre. Hay una España que ha salido de la crisis y otra que sigue sintiendo sus efectos y que, posiblemente nunca recuperará, siquiera, lo que tenía antes. Dos Españas cada vez más desiguales. En la segunda, además, se ha instalado la exclusión social. Hablamos de pobreza severa que afecta a un 6,4 por ciento de la población, dos millones y medio de personas que ingresan menos de 300 euros al mes. Y entre ellos hay una cifra muy importante de niños. Lo grave del caso que esos niños pobres serán adultos pobres y, por tanto, excluidos. Un drama, un riesgo y un problema social.
Hay una España de hombres y una España de mujeres, porque la brecha existe en casi todos los ámbitos y no se toman las medidas suficientes para eliminarla o reducirla. Una España con empleo viejo, precario y una España tecnológica que demanda profesionales que no existen. Una España educativamente anquilosada, especialmente en la Universidad, y otra que para competir en condiciones de igualdad, está cambiando radicalmente los procesos educativos.
Hay una España vieja, con un serio problema de mantenimiento de las pensiones, y una España joven sin oportunidades, con un paro juvenil superior al 40 por ciento. Una España que mira al pasado y una España tecnológica, que exporta más que nunca, que se está digitalizando y que quiere competir desde la excelencia.
Esos problemas de las dos o de las muchas Españas, de los “otros” españoles, los que no están en la disputa política partidista, siempre cortoplacista, en la pelea territorial o en la de las lenguas que separan, son los que, como sociedad, tendríamos que estar resolviendo con consensos y una clara visión de futuro. Hay que cerrar algunas Españas y apostar por las otras. Si fuéramos inteligentes.