• Viernes, 21 de Septiembre de 2018

Amigos, enemigos y viceversa

ste final de semana va a ser apasionante.

ste final de semana va a ser apasionante. Rajoy se enfrenta a una moción de censura que puede acabar con el PP en la oposición y con un Gobierno de adversarios casi irreconciliables tratando de “poner orden” en un país que amenaza con romper todas las costuras. “La amistad comienza cuando termina el interés”, dijo Cicerón, y también se podría formular al revés. La política es, posiblemente, el oficio que más facilita extraños compañeros de cama y, casi nunca es por la pasión ni por el goce sino por el interés. Y como no hay amor, cuando el interés de otros es superior al que se recibía, se cambia de cama.
El PP tenía amigos que le han permitido gobernar haciendo nada o casi nada, a cambio de pactos generales y acuerdos concretos. Pero amigos para siempre hay pocos y Ciudadanos no es uno de ellos. Cuando han visto que las encuestas les empiezan a situar subiendo y al PP bajando, han pensado que es hora de devolver el rosario de la madre y ayudar a que la caída sea más rápida. El PSOE es amigo del PP para unas cosas, adversario para otras y enemigo en casi todas. Y viceversa. Pero cuando su líder ha olido sangre, ha puesto en marcha la operación descabello de Rajoy. Incluso antes de entrar a matar, porque vislumbra su, tal vez, única posibilidad de llegar al poder.
El PNV era otros de los aliados indispensables y acaba de firmar un pacto con el PP para salvar los presupuestos, seguramente porque entiende que son los mejores para España, nunca por el interés de llevar a su territorio unos cientos de millones más o por lograr algunas concesiones en otros campos. Ese pacto era la última esperanza de Rajoy para evitar que la “constructiva” moción de censura de Sánchez triunfara. “Amigo reconciliado, enemigo doblado”, dice el refrán, pero ahora no lo ven tan claro. Seguramente los cinco diputados vascos guardarán su intención de voto hasta el final, como hicieron con los Presupuestos. El PNV no quiere elecciones a corto plazo porque no le benefician nada y puede perder lo que tiene ahora y la capacidad de arañar más al Estado. Pero si ve que en el otro bando le garantizan algo más, tal vez deje al PP con el culo al aire sin ningún tipo de remordimientos.
Sus votos, junto con los de catalanes, que harían una fiesta en las Ramblas si caen casi simultáneamente Rajoy y el 155, junto con los de los herederos de ETA y alguno más pueden llevar a España a una situación de gobierno imposible que mejoraría la verbena de Italia. Y, si se produce, aparecerán también los enemigos internos de Rajoy, que también los hay. El tancredismo ha funcionado, nos guste o no, pero parece que ya no va a ser suficiente. Los enemigos –unos merecidos, otros fruto del oportunismo– son muchos y están esperando su momento. Como decía John Kennedy, “perdona a tus enemigos, pero no olvides sus nombres”. La solución, hoy.