domingo 20.10.2019

Que dicen en Moncloa que “pasarán cosas”

uando todo se embarra, la transparencia es imposible. Así que hay que confiar en las versiones de viajeros a La Moncloa, desde Pablo Casado y Pablo Iglesias hasta algunos periodistas discretos (no, este cronista no figura entre los selectos, así que advierto que hablo a través de segundas versiones), para saber lo que se cuece en la mente presidencial; o en las mentes presidenciales, para ser más exactos, porque Iván Redondo es ya como una parte del cerebro sanchista.
Y allá, en Moncloa, dicen, parece, que en septiembre “pasarán cosas”. Dando a entender, primero, que ‘alguien tiene algunos planes’ -parece una frase de Gila-- que nos hagan salir del inmovilismo desesperante en el que nos encontramos. Y segundo, que las proclamas lanzadas por Pedro Sánchez y adláteres en el sentido de que, o investidura en julio o vamos a elecciones, son más bien otro elemento en la guerra desgastante de comunicados que un propósito real.
Yo apostaría, basándome en lo que me llega, que si, como parece lo más probable, no se llega el 25 de julio a la investidura de Sánchez, aguardaremos hasta septiembre y habrá segundo intento de investidura antes de tirar la toalla y que se convoquen nuevos comicios para noviembre, prolongando casi medio año más la interinidad del Ejecutivo, la parálisis del Legislativo y la precariedad del Judicial. O sea, la enorme crisis política que estamos viviendo, que hace que los ministros sean invisibles, que la Administración sestee, que no se legisle en temas cruciales, que los Presupuestos sigan ‘prorrogados’ y que nadie afronte planes para, por ejemplo, hacer coincidir a todas las fuerzas constitucionalistas a la hora de contrarrestar posibles reacciones descontroladas ante la sentencia judicial contra los presos golpistas catalanes. Que esa va a ser otra.
Así, en septiembre “pasarán cosas”. Pueden pasar muchas cosas. Desde que las meditaciones veraniegas de nuestros representantes políticos, gubernamentales y de la oposición, les lleven a la decisión de facilitar la investidura otoñal de Sánchez, hasta que este logre articular un plan de grandes reformas regeneracionistas con la complicidad de los otros líderes políticos. Consensuando así una Legislatura en la que se aborden las reformas constitucionales, de la normativa electoral y de la Administración que se consideren precisas, amén de ponerse a trabajar en serio y conjuntadamente, mucho más allá de la ‘no solución del artículo 155’, en una estrategia para llegar a una conllevanza en Cataluña.
No quisiera ser demasiado optimista, visto todo lo que hemos visto, pero dicen esos viajeros a Moncloa que Sánchez y su estado mayor ya andan dándole vueltas a cómo enunciar ese conglomerado de propuestas a la oposición... y a una ciudadanía que está, lo muestra el CIS, harta y desconcertada. Porque, desde luego, hasta ahora, nada: el presidente en funciones y aspirante a presidente se limita a observar el panorama desde el balcón de La Moncloa, como si no estuviese pasando nada, y a exigir apoyos casi sin contrapartidas.
Pero Sánchez sabe que una repetición de elecciones así, sin más, no llevaría automáticamente aparejada una mayor votación a las siglas socialistas y sí, en cambio, podría suponer una enorme abstención por parte de un electorado muy cansado de tanto tejemaneje y de tan pocas medidas efectivas para acabar de una vez con esta asfixiante situación. Así que atentos, que algo pasará en septiembre... si nada ocurre en julio, naturalmente. 

Que dicen en Moncloa que “pasarán cosas”
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