Jueves 20.06.2019

Paracaidistas políticos

Napoleón creía que cuando alguien nombraba una comisión era porque el problema no tenía solución.

Napoleón creía que cuando alguien nombraba una comisión era porque el problema no tenía solución. Algo similar ocurre cuando en puertas de unas elecciones un partido no encuentra un candidato propio presentable y decide lanzar a un paracaidista. Lo acaba de anunciar el PSOE pensando en la alcaldía de Madrid. El señalado es Pepu Hernández, entrenador que fue de la selección española de baloncesto que conquistó el campeonato del mundo en 2006. No hay duda de que ha sido Pedro Sánchez, practicante de este deporte en sus años mozos, quien ha metido a Pepu en este lío. Porque eso, un lío fenomenal, es lo que le aguarda a juzgar por la trayectoria de la Federación Socialista de Madrid. 
Sabido es que los candidatos han de someterse a primarias y ahí le esperan los afiliados. Parte de los socialistas madrileños todavía no han digerido la humillación y el descabello al que Sánchez sometió a Tomás Gómez. Es probable que quien hasta ahora era la portavoz del grupo municipal (Puri Causapié) se haya enterado por la televisión del candidato a sustituirla. Muy aburrido debe estar Hernández para haber aceptado meterse en el avispero que le aguarda.
En la política los experimentos con paracaidistas, rara vez salen bien. Tenemos el caso reciente de Ruth Beitia en Cantabria. Promocionada por Casado para encabezar la lista del PP que aspira a recuperar la presidencia de aquella comunidad. Dos semanas duró el liderazgo impuesto desde Madrid. La política tiene códigos propios que quienes proceden de otros ámbitos desconocen o no tragan con ellos. 
Aunque en otro plano, en cierto modo, también se enfrenta a no pocas reticencias Manuel Valls –candidato a la alcaldía de Barcelona– pese a ser un veterano de la política que en Francia ha pasado por todos los escalones de la política. No hace falta tener carné de profeta para avizorar que ni Valls ni Pepu van a coronar con éxito su aventura. Este tipo de operaciones de diseño suele terminar en fracaso. En política, el riesgo que corren los paracaidistas, es acabar estrellándose.

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