• Martes, 13 de Noviembre de 2018

Pensar el futuro

El presente se vive; el pasado se recuerda y el futuro se piensa.
En efecto, cuando las personas remiten sus deseos y proyectos “al día de mañana” expresan la esperanza de que llegue ese día y de que sus deseos se cumplan.

El presente se vive; el pasado se recuerda y el futuro se piensa.
En efecto, cuando las personas remiten sus deseos y proyectos “al día de mañana” expresan la esperanza de que llegue ese día y de que sus deseos se cumplan; pero, al mismo tiempo, son conscientes de que no existe la certeza de que necesariamente eso ocurra, pues ni somos dueños del mañana y el futuro es incierto por naturaleza.
Esa convicción se refleja en la frase premonitoria de que “hay que vivir el día a día” o, si como dice el poeta, “se hace camino al andar”, lo mismo podríamos decir de la vida que “se vive viviendo”.
Pero vivir es también recordar, pues el futuro aún no existe y solo el pasado se incorpora, como vivencia, a nuestros recuerdos y experiencias. Ahora bien, que el futuro sea incierto por naturaleza, no impide que constituya un poderoso y necesario estímulo en la vida de la persona, pues le permite actualizar idealmente en su mente, el futuro que ansía y así ordenar y programar su vida y esfuerzos para cuando previsiblemente se produzca.
Es sabido que solo los seres humanos tienen futuro. Los animales irracionales solo tienen presente. Viven el día a día; pero tampoco tienen pasado, pues no experimentan arrepentimiento ni resentimiento alguno por ser sentimientos o estados de ánimo referidos a sucesos o situaciones pasadas vividas o experimentadas por los humanos. Por eso tampoco cabe exigirles a los animales que sean capaces de cometer errores o pretender corregirlos o rectificarlos.
Es en el futuro donde las personas fijan sus ideales y aspiraciones. Si las personas no pensasen en el futuro, su vida no tendría sentido. Sería, pura y simplemente, biología. Verían pasar los días como “hojas caídas del calendario”.
Pensar en el futuro y desear que sea mejor es una reflexión privativa del ser racional, intelectivo y no instintivo; en una palabra, “previsor”, o sea, con visión anticipada de lo que pueda venir, para que el futuro no le coja indefenso y por sorpresa.
Al pasado solo se puede mirar para evitar caer en lo que se hizo y no debió hacerse y para hacer lo que se debió hacer y no se hizo. En eso consiste la historia como “maestra de la vida”; en aprender del pasado para no cometer los mismos errores y evitar que se repitan, pues los más grandes avances de la humanidad se lograron corrigiendo y subsanando los errores del pasado.