miércoles 12/8/20

PARAR A TIEMPO

Resulta innegable que ante la pasividad y falta de respuesta eficaz del Gobierno, el proceso soberanista de Cataluña y su desafío al Estado se vienen desarrollando entre actos inconstitucionales y el desprecio a las leyes y a las resoluciones de los Tribunales; todo ello con gran impunidad y alardeando incluso sus autores de haber cometido y diseñado esos actos. 
Ante esa realidad la sociedad española asiste, entre escéptica y sorprendida, a la estéril liturgia política del Gobierno de Mariano Rajoy de pedir informes a la Abogacía del Estado, recabar el dictamen del Consejo de Estado y recurrir al Tribunal Constitucional para una vez obtenido el fallo favorable recrearse en la suerte sin ejecutar ni dar cumplimiento efectivo a lo decidido y resuelto por los Tribunales.
Así avanza el independentismo, a golpe de desplantes y hechos consumados, ofreciendo el triste espectáculo de que la ley no es igual para todos y de que el Estado de Derecho no rige ni  se aplica en todo el territorio nacional.
Decir que Cataluña no será independiente ahora y nunca o que nadie está por encima de la ley y otras obviedades semejantes, son recursos verbales que no sirven para frenar el desprecio a las Instituciones, la desobediencia reiterada a las leyes y a las sentencias y los ultrajes a las banderas, himno, bustos y demás símbolos del Estado, incluido el ataque a la propia Monarquía parlamentaria  y constitucional.
Tampoco es irrelevante la campaña desatada en varias Comunidades contra las tradiciones, festividad y conmemoraciones de gran arraigo popular e importancia para el turismo nacional y extranjero.
Ante la gravedad de esos hechos y sus repetición y frecuencia, nos viene a la memoria lo que aconsejaba Pio Cabanillas, como fórmula para enfrentarse a situaciones adversas y que se resumía en la frase: “Verlas venir, dejarse ir y parar a tiempo”.
Esa actitud, mezcla de justa prudencia y de firme resolución nos hace pensar que en el momento presente ya no caben dilaciones ni titubeos.
Si la situación actual a la que ha llegado el proceso catalán ha sido definida como “irreconducible” es evidente que va siendo hora de decir “¡Basta!” o lo que es lo mismo, como recomendaba Cabanillas, “parar a tiempo”, para evitar males mayores. De lo contrario no es aventurado augurar consecuencias nada halagüeñas ni deseadas.

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