• Jueves, 20 de Septiembre de 2018

Compasión y altruismo

Muchos son los estudios que existen sobre la compasión, asociada históricamente a la práctica religiosa, como lo prueban el cristianismo, el Islam y, en mayor medida, el budismo

Muchos son los estudios que existen sobre la compasión, asociada históricamente a la práctica religiosa, como lo prueban el cristianismo, el Islam y, en mayor medida, el budismo; pero, progresivamente, este sentimiento ha sido secularizado para convertirse en una enseñanza práctica para conseguir una sociedad más justa, pacífica y feliz.
Su idea la ha desarrollado Geshe Thupten Jinpa, autor de un programa sobre la compasión. Según este escritor, “en Occidente, la gente tiende a pensar que la compasión forma parte de la religión o que significa ser amable. Pero, en realidad, se trata de una cualidad fundamental del ser humano; de una habilidad innata; la capacidad para conectar con alguien, identificarse con esa persona y sentir su necesidad y, también, la necesidad de aliviar sus sufrimientos”.
Por su parte, la Real Academia de la Lengua define la compasión como un testimonio de pena, de ternura y de identificación ante los males de alguien. Y en el Diccionario de María Moliner, como “el sentimiento de pena provocado por el padecimiento de otros y el impulso de aliviarlo, remediarlo o evitarlo”.
Como se observa, a través de los conceptos expuestos, la compasión es “reactiva” y no “proactiva”, es decir, es respuesta a algo exterior que nos impulsa a actuar; viene, por eso, de fuera a dentro. Caso contrario es el altruismo, que nace en la persona y se proyecta a los demás.
El altruismo es, además, omnicomprensivo; no se limita a favorecer al que lo necesita; no es un acto de caridad o compasivo; es un acto cívico que abarca, en todos los sentidos, la situación del otro. Nace de la persona y se exterioriza en los demás.
Por esa opuesta dirección puede distinguirse, como llevamos dicho, la compasión del altruismo. Aquella procede del otro o de los otros, es decir, extra y se proyecta y repercute en el yo; en el altruismo es al revés, nace en el yo y se proyecta sobre el otro o los otros.
El altruismo no duda en renunciar, voluntaria y desinteresadamente, a parte de lo que es de uno, en beneficio de los demás o, según la Academia, es  “la tendencia a favorecer el bien de las personas de manera desinteresada, incluso, a costa del interés propio” .
En cierto modo, se trata de dos sentimientos contrapuestos. La compasión busca, en un acto volitivo, compartir y contribuir a reducir el dolor ajeno; el altruismo, por el contrario, busca aumentar o favorecer el interés y la situación de los demás.
En el fondo, ambas tendencias son sendos ejemplos de filantropía o de amor a la criatura humana y a su dignidad y libertad.