• Sábado, 22 de Septiembre de 2018

Adicción al poder y a la riqueza

si el consumo de drogas causa adicción, dependencia y síndrome

si el consumo de drogas causa adicción, dependencia y síndrome de abstinencia es innegable que esas mismas características concurren en el ansia o ambición de poder y en el afán ilimitado de poseer bienes y riqueza. Son, por lo tanto, el poder y la riqueza sendas tendencias o inclinaciones naturales que sienten las personas obsesiva y compulsivamente, para alcanzar y conservar el poder y para conseguir bienes, ganancias y riqueza.
Ambas tendencias son, por su propia naturaleza, difíciles de controlar y reprimir. Son, además, expansivas, pues tanto el poder como la riqueza, tienden no sólo a conservarse y perdurar, sino también a aumentar e incrementarse.
Nadie, en efecto, deja voluntariamente el poder ni nadie se conforma con la riqueza obtenida. En ambos casos, la ambición es el principal motor y estímulo de sus conductas y aspiraciones.
Tanto el poder como la riqueza producen en quienes los tienen y disfrutan una dependencia vital y casi exclusiva que los convierte en rehenes de sus propias ambiciones e ideas obsesivas.
En la política, es en donde se observa con mayor claridad la influencia que tiene la droga del poder. En efecto, los políticos viven con la obsesión de alcanzar el poder y, una vez logrado, se esfuerzan en mantenerlo, aumentarlo y, sobre todo, no perderlo.
Cuando cesan o pierden el poder nace en el ánimo de los políticos el síndrome de abstinencia que les provoca verdadera intranquilidad e impaciencia por conseguir recuperarlo lo más rápidamente posible. Es como si se tratara del oxígeno que da sentido y hace posible sus vidas. Este síndrome es la consecuencia de dos posibles causas, ambas nefastas: la profesionalidad de la política y la perpetuidad en sus cargos.
Por lo que se refiere a la riqueza, ésta subyuga y esclaviza, de tal manera a sus poseedores, que todos los intentos de humanizar la economía y democratizar la riqueza han chocado siempre con la ambición y el egoísmo de sus poseedores.
La riqueza hace esclavos de la misma a sus dueños, produciendo lo que se llama la “sumisión del ser al tener”. Esta concepción se basa en la necesidad de evitar, como dice el teólogo moral Ángel Galindo García, “los efectos de la sumisión al solo consumo o del ser al tener, que aliena al hombre de manera que la misma ciencia y progreso del hombre, acaba aniquilándolo”.
Ya, el propio economista Piketty nos advertía que “el mayor enemigo del capital es el capitalismo”. En definitiva, el poder y la riqueza se convierten en sendas drogas sociales, de difícil rehabilitación o recuperación en quienes las padecen.