Prohibido San Valentín

En Islamabad sí que saben. Un tribunal de esta ciudad paquistaní ha decidido prohibir

En Islamabad sí que saben. Un tribunal de esta ciudad paquistaní ha decidido prohibir San Valentín porque es una fiesta que, como todo el mundo sabe, favorece la desnudez, la indecencia y la inmoralidad. Y hasta ahí podíamos llegar. Quizás no habría que llegar tan lejos pero resulta difícil sobreponerse al bombardeo de corazones rojos por doquier y al marketing agresivo de “Tú, borde (esto no lo pone el anuncio, aunque el publicista lo haya pensado), ¿aún no le has regalado nada a tu pareja?”, que asalta tras cualquier esquina ya tengas pareja, intención de regalar o seas lo menos borde que hay en el planeta después del dibujo animado de Heidi.
En realidad, lo que pasa es que no sabemos montárnoslo. Si es por respetar las tradiciones, deberíamos seguir la que tenían los romanos con las Lupercales, una fiesta de sexo desenfrenado y todo tipo de vicios, que nada tiene que ver con estas horteradas modernas de los corazones, los bombones y las rosas. Al parecer, la cosa era para que los jóvenes se iniciaran en el mundo del sexo y perdieran miedos y tabúes, así que se les animaba al contubernio y al concubinato. Para que luego digan que los chavales de hoy estan muy mimados con el iPhone y la tablet. La celebración era una especie de Hombres, Mujeres y Viceversa pero de antes de Cristo: se ponían los nombres de los chicos y las chicas en una caja y se sacaba uno de cada para después emparejarlos. Lo que viene siendo el amigo invisible pero sin tener que romperse la cabeza para pensar qué narices le compras a quien te ha tocado en suerte. Y por menos de diez euros.
Por aquel entonces, la Iglesia Católica descubrió lo mismo que sabría años más tarde El Corte Inglés: que es más difícil quitarle a la gente una fiesta que cualquier otra cosa, así que lo mejor es hacerla tuya y sacar provecho. El Corte Inglés, poniendo a disposición de los enamorados todo un surtido de regalos para que los amantes demuestren su amor, y la Iglesia, haciendo lo que más le gusta: ponerle la etiqueta de pecado a todo lo divertido. Así que se buscaron un santo para la ocasión, transformaron el sexo en amor y le tocó la china al pobre San Valentín.
Resulta curioso que en una sociedad en la que el individualismo se prima por encima de cualquier otra cosa, la vida venga siempre en pack de dos. En España, uno de cada cuatro hogares está ocupado por una persona sola. Y subiendo. Para ese sector de la población, cada día más numeroso, San Valentín es una especie de tortura china con un grado de almíbar que subiría el azúcar a los corazones más duros. Pero no todo son desventajas. Ya lo decía James Dean, que no tuvo tiempo de casarse pero sí de dejar un bonito cadáver: “Lo mejor de ser soltero, es que te puedes meter en la cama por el lado que quieras”.