La posverdad del cuñadismo

A 2016 le quedan, literalmente, unos cuantos telediarios. Es el momento de echar la vista

A 2016 le quedan, literalmente, unos cuantos telediarios. Es el momento de echar la vista atrás y hacer resúmenes de todo tipo, desde obituarios de estrellas de la música muertas, que este año van unas cuantas, hasta el medallero deportivo. Aunque siempre he creído que, en realidad, el año empieza en septiembre, en diciembre elegimos al hombre –mujeres suelen ser menos–, el deportista e, incluso, la palabra del año.
En esta ocasión, la lista que ha preparado la Fundación del Español Urgente incluye opciones de todo tipo. Una de ellas es youtubero, que intenta suplir a la inglesa youtuber y que viene siendo aquel que lo peta en Youtube, pero también aparecen algunas que no necesitan demasiada explicación, como videoarbitraje, vendehúmos o papilomavirus. Hay otros términos más difíciles de encajar en castellano, como LGTfobia, que amplía y completa el concepto de homofobia, o ningufoneo (en inglés, phubbing), que define ese momento en el que nos encontramos hablándole a la nuca de esa persona que apenas levanta la vista del teléfono. Entre las candidatas más fuertes están abstenciocracia, que es cuando los que deciden no decidir se vuelven decisivos, y sorpaso, en castellano con una sola ese, que tuvimos que oír hasta la saciedad cada vez que hubo elecciones. Y hubo unas cuantas.
Posverdad, la palabra del año en inglés según el diccionario Oxford, está también en la lista y aunque algunos todavía no acaban de tener muy claro el significado, se refiere a la relevancia de las emociones antes que los hechos a la hora de influir en la opinión pública. Y, si hay otra palabra que hemos leído y escuchado hasta el aburrimiento en 2016, esa es populismo. Es candidata también en gallego, en O portal das palabras, donde van también bien situados conceptos como porcoril, que es ese cruce entre cerdo y jabalí, o alburgada, algo que se presenta como cierto aunque no lo sea para engañar a alguien.
De toda la lista de la Fundéu, la más divertida es, seguramente, cuñadismo. Bastante más fácil de definir que posverdad, el cuñadismo es ese fenómeno que se produce cada vez que hay una comida familiar, cuando se discute de política, de religión o de fútbol y aparece un cuñado que siempre tiene una opinión versada sobre cualquiera de estos asuntos. También aquí pesa más la emoción que la realidad.
Y así, de año en año, vamos sumando nuevas palabras y nuevas realidades al diccionario, al que los amigos llamamos cariñosamente tumbaburros. Seguramente, falten algunas que, aunque no son exactamente neologismos, las nuevas generaciones usan de forma diferente, como cundir, verbo comodín que sirve para casi todo, o matizar, que incluye desde maquearse para salir hasta ligar. También faltan otras muchas que no están pero podrían tener su lugar. Yo propongo dos: referendocidio, una práctica muy habitual últimamente entre los políticos, o todopirolismo, ese fenómeno que se produce cuando en una foto salen personajes importantes y ninguno de ellos es una mujer. A ver qué opina mi cuñado.