Un paso adelante contra la violencia machista

Todo español cree tener sobre la mujer derecho de vida o muerte.

Todo español cree tener sobre la mujer derecho de vida o muerte. Lo mismo da que se trate de su novia, de su amante, de su esposa. Los celos disculpan los más atroces atentados, las venganzas más cruentas; y los que se escandalizan de las barbaridades de la guerra (que al fin tiene un carácter colectivo y de interés general) disculpan esas atrocidades individuales, como si fuese lícito nunca tomarse la justicia por la mano”. La cita no es mía, ni tampoco es de hoy. La escribió Emilia Pardo Bazán hace más de cien años pero podría servir perfectamente para describir los terribles sucesos del pasado fin de semana, en el que tres mujeres murieron a manos de sus parejas o exparejas –mientras escribo estas líneas aparecen los cuerpos de un periodista catalán y su mujer en lo que podría ser otro nuevo caso, en una espiral que no parece tener fin– en algo menos de 48 horas.
Hoy lo leemos en una tablet o lo vemos en televisión y lo comentamos en Twitter y también en WhatsApp pero, al fin y al cabo, poco hemos avanzado si un hombre sigue creyendo que tiene derecho a disponer de la vida de una mujer por el simple hecho de haber compartido algún momento de intimidad o, incluso, algo que ellos creerían que era amor.
En el cómputo global, van 43 mujeres muertas por este motivo en lo que va de año, aunque resulta difícil llevar la cuenta. Casi 900 desde 2003, lo que ya equipara el número de víctimas con las que fallecieron en España por culpa del terrorismo. Son cifras, números, que poco dicen de quienes están detrás. Todos los casos son terribles, como el de Ana María, una chica que acababa de empezar en su primer trabajo, o el de la joven rumana –de la que solo sabemos sus iniciales–, a la que supuestamente su marido mató a golpes y cuchilladas, o el de la mujer de Tarragona, que también murió presuntamente por una paliza de su esposo. Estas son las tres últimas, pero un estudio de la Unión Europea dice que la mitad de las habitantes del continente ha sufrido algún tipo de violencia machista. La mayoría están en Finlandia, Dinamarca o Noruega, esos países que tanto han crecido en igualdad y de los que admiramos sus buenos resultados en educación pero que, paradójicamente, encabezan las listas de violencia contra las mujeres.
El ministro del Interior, Juan Ignacio Zoido, ha pedido un pacto de Estado de todos los partidos políticos para poner fin a esta lacra, seguramente hacen falta más medios policiales y también recursos y es obvio que necesitamos que las víctimas se sientan respaldadas por el sistema pero lo más importante es conseguir que los hombres también se sientan implicados no solo en condenar los asesinatos, algo que haría cualquier persona de bien, sino también en luchar contra las conductas machistas. Las mujeres, por razones obvias, estamos convencidas de que el machismo crea un clima en el que la vida de una mujer no vale nada y los agresores terminan por sentirse impunes. Pero, para avanzar, necesitamos que las mujeres dejen de ser un objeto sexual, un complemento o una máquina de tener hijos y que los hombres entiendan y compartan esa lucha. Cuando lleguemos a ese punto, gran parte del camino estará hecho.