Contra la banda del simpa

Hasta hace solo un par de semanas, hacer un “simpa” era algo que consistía

Hasta hace solo un par de semanas, hacer un “simpa” era algo que consistía en irse sin pagar unas cañas de un bar, ya fuera con intención o porque, simplemente, unos por otros, nadie se acordó de abonar la cuenta. En un país en el que una de las costumbres que más llama la atención a los extranjeros son esos aspavientos que consisten en arrebatar raudos la factura del plato y oprimirla contra el pecho al grito de “esta la pago yo”, resulta curioso que una de las bandas más activas de los últimos tiempos sea la del simpa. Al menos, pensarán algunos, estos no se dedican a limpiar pisos, sino a dejar los platos muy limpios.
La verdad es que el modus operandi es uno de los más divertidos de los que hemos tenido noticia. La cosa funciona así: unas 150 personas quedan para celebrar el bautizo del crío –que haya pasado por la iglesia o no es lo de menos– en un buen restaurante. Se ponen sus mejores galas y acuden en buenos coches, como corresponde a la ocasión. Se come, se bebe y, a los postres, se empieza la conga. La razón de que no sea el clásico de toda comilona festiva que se precie, “Paquito el chocolatero”, es que este temazo solo permite agacharse pero no darse a la fuga a toda velocidad. Así que, manos en la cintura del que tenemos delante y, al ritmo de “va y viene, caminando”, salen uno tras otro por la puerta del local sin despeinarse. Una vez fuera, agarran el BMW y salen quemando rueda. El método no es tan sencillo como parece porque lograr que 150 personas abandonen un restaurante al mismo tiempo sin dejarse atrás a la abuela o al benjamín requieren una coordinación y una coreografía que ríete tú de “La La Land”.
Por si a alguien se le ocurre la brillante idea de sugerir que los restaurantes deberían pedir una señal para atender este tipo de fiestas, que sepa que eso fue precisamente lo que hicieron. La banda del simpa dejó en depósito 900 euros en el local de Bembibre del que salieron por patas. El problema está en que la comilona –junto con las más de 30 botellas de vino que se ventilaron– valía casi 3.000. Este no es el único establecimiento que sufrió estas prácticas, que se han venido repitiendo en varios restaurantes de la provincia de León. Uno de los cabecillas de la banda ya ha sido detenido y la Guardia Civil está buscando a otro de los que organizaba a la peña para que salieran pitando cuando daba la señal.
Estamos acostumbrados a la cultura del pícaro y no es tan raro que alguien salga sin pagar de un restaurante o de un hotel, dejando tras de sí facturas de tres cifras. Lo llamativo de este caso es que se haga en masa hasta llegar a protagonizar episodios que más parecen de una película de Berlanga o salidos de aquel famoso tebeo de Ibáñez “Contra el gang del Chicharrón”.
Ignoro si se pondrá de moda el simpa organizado. Yo, por si acaso, a la próxima boda que me inviten me llevo las zapatillas de correr.