Miércoles 14.11.2018

Una provocación continua

Parece increíble, pero es una realidad, que una sola persona

Parece increíble, pero es una realidad, que una sola persona, huida de la justicia, pueda poner en jaque a todo un Estado, jugando al mismo tiempo con la estabilidad política e institucional de una parte del territorio nacional. Este es el caso del prófugo Puigdemont, que desde Berlín mueve sus piezas para que el pulso independentista lanzado desde Cataluña siga vivo.
Ese fue el propósito de Puigdemont cuando hace unos días designó al ya tristemente famoso Quim Torra para que se sometiera a la investidura como presidente de la Generalitat. Una vez elegido, lo primero que hizo Torra fue plantarse en Berlín para dejar claro que él solo era un instrumento en manos de quien le había escogido. A continuación, Torra nombró sábado un gobierno en el que incluyó a dos personas que están en prisión y a otros dos que están en Bruselas, huidos de la Justicia. De por medio había escrito una carta a Rajoy pidiendo una reunión para entablar un diálogo sin condiciones y sin límites. Ya se ve cuál es el peculiar concepto que tienen Puigdemont y Torra de lo que es el diálogo.
Esta última provocación del nuevo presidente de la Generalitat y de su jefe Puigdemont ha propiciado que Rajoy no haya tenido otro remedio que vetar el nombramiento de un Ejecutivo catalán con presos y prófugos de la justicia. Ese veto conlleva que no pueda levantar ya el artículo 155 de la Constitución. No tenía otra el presidente del Gobierno, si no quería caer en el ridículo e incluso en la indignidad.
La cuestión de fondo es que la situación en Cataluña sigue encallada, fundamentalmente por la sin razón de un individuo –Puigdemont– que ha conseguido machacar a los suyos, controlar a los de Esquerra y poner contra las cuerdas al Estado. Cuesta creer que este no tenga los recursos y los mecanismos suficientes para defenderse de tamaño despropósito y poner fin a la ensoñación y al sin sentido de una persona que debería haber rendido hace tiempo cuentas de sus más que posibles delitos ante la justicia. Mientras tanto, el Gobierno d no debería tener dudas en mantener el artículo 155 en Cataluña.

Una provocación continua
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