• Miércoles, 14 de Noviembre de 2018

El sonoro portazo dado por Podemos la pasada semana

El sonoro portazo dado por Podemos la pasada semana tras la reunión a tres con el PSOE y Ciudadanos, ha dado pie a que todos los análisis apunten a presentar la repetición de las elecciones el 26 de junio como la única salida posible. Sin embargo, en estas dos semanas reales que quedan para apurar hasta el máximo el plazo legal establecido antes de disolver las Cortes y convocar nuevas elecciones, pueden pasar todavía muchas cosas.
Puede pasar que Sánchez, sabedor de que esta puede ser su única oportunidad para llegar a la Moncloa, se lance desesperadamente al único acuerdo posible para lograr su investidura y que no es otro que dejar a un lado su pacto con Ciudadanos y negociar otro con Podemos, IU, el PNV, que además necesitaría la abstención de los nacionalistas catalanes de ERC y de Democracia y Libertad, la antigua Convergencia. Es muy complicado, pero no imposible y, sobre todo, lo que puede remover los obstáculos para alcanzarlo es que ni al PSOE ni a Podemos les interesan nuevas elecciones ante el riesgo real, según las encuestas, de que no solamente no mejoren sus resultados del 20-D, sino que incluso los empeoren.
Puede pasar que Rajoy se decida, por fin, a mover ficha y le llame a Sánchez para volver a ofrecerle un gobierno de gran coalición PP-PSOE con medidas de gran calado a tomar por el nuevo ejecutivo que difícilmente pudieran ser rechazadas por los socialistas. Pero para que ese ofrecimiento tuviera alguna posibilidad de llegar a buen puerto, es decir, para que el PSOE lo pudiera apoyar, sería casi imprescindible que Rajoy diera un paso al lado y permitiera que ese ejecutivo estuviera presidido por otra persona de su partido. Algo altamente improbable, aunque si se mira a Cataluña también lo era que Mas renunciara, para conseguir el apoyo de la CUP, a ser presidente de la Generalitat y, en el último segundo del último minuto, lo hizo y hoy el jefe del Gobierno catalán es Puigdemont.
Si ninguna de las dos posibilidades descritas sucedieran, no habría otra que ir a unas nuevas elecciones, con un doble riesgo: que los resultados no variaran sustancialmente y que, por tanto, se volviera a la situación de ahora, pero con la agravante de haber perdido muchos meses. Y, en segundo lugar, que los ciudadanos, hartos de que los políticos no sepan o quieran hacer sus deberes, se queden en su casa y no vayan a votar. Ambos riesgos están ahí y la única manera de evitarlos es que en estos quince días que quedan, se consiga un acuerdo y se forme un gobierno. Tiempo hay; otra cosa es que se logre.