domingo 17/1/21

PUERTO DE FERROL: GASTO Y RETORNO

Dos cuestiones intrínsecamente relacionadas aunque diferentes en cuanto a su alcance han asomado a la actualidad informativa de la Autoridad Portuaria de Ferrol-San Cibrao. Por un lado, la que afecta al pago de dietas a miembros del consejo de administración del ente aun en el caso de no asistir al mismo o haber delegado su voto, lo que ha degenerado en un rifirrafe sobre qué administración autorizó tal extremo, si la del PP o la del PSOE.
Por otro, la que aborda el gasto acometido en tareas de representación durante el pasado ejercicio, que supera los 340.000 euros. En cualquier empresa, y el Puerto lo es teniendo en cuenta que, al margen de su carácter público, es el rendimiento económico el que determina su viabilidad, fruto a su vez de su capacidad para captar operadores y tráficos de diversos tipos, este apartado se consignaría en aquel que determina el grado de retorno, es decir, de beneficios obtenidos a costa de la inversión realizada. Cierto que la cantidad no es desdeñable, pero en todo momento ha quedado claro que entra en el marco de un presupuesto orientado a generar una actividad de la que, hasta hace escasos años, carecían las dársenas ferrolanas.
Ahí está por ejemplo el acuerdo que ha permitido dar salida a través del puerto local a una más que importante producción maderera, o la adjudicación de la terminal de contenedores a la portuguesa FCT, por no mencionar el interés que acompaña al hecho de que altos representantes del Gobierno de la India o empresarios y funcionarios chinos se hayan acercado hasta aquí con la idea de verificar sobre el terreno el potencial que ofrecen las instalaciones de cara a posibles asentamientos industriales o comerciales. Es, ni más ni menos, que el peaje –en el sentido más positivo de la palabra– que cualquier empresa asumiría como un coste obligado, y necesario, si lo que pretende es precisamente mejorar su competitividad en un mercado exterior, que como se sabe es el único capaz de mejorar la grave situación económica del país, como se insiste desde cualquier gobierno a la hora de valorar la inversión extranjera como pilar del desarrollo económico interno.
Lo cierto es que es precisamente tal retorno el que ha permitido que, por fin, proyectos tan largamente esperados como el del tren a Caneliñas estén ya en fase de realización y hayan dejado de ser meras aspiraciones.
Evidentemente, tal inversión no sería posible, ni viable, sin mínimas perspectivas de crecimiento como las que se han generado en los últimos años y que han llevado a la Autoridad Portuaria local a ofrecer los mejores datos económicos y de tráficos de su historia y alternar, entre los puertos gallegos de interés general, con el de A Coruña en cuanto a liderazgo en el sector.
Suponer que una empresa no invierte en el ámbito comercial, incluidas las de carácter público, es tanto como dar por hecho que no tiene futuro

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