domingo 17/1/21

¿DÓNDE ESTÁ ASTANO?

La pregunta es posible que se la estén realizando, a estas alturas del año, buena parte de los diputados y diputadas del Parlamento Europeo. Y es que, tras diez años de prórroga del veto que impide el acceso a la construcción naval convencional a la antigua factoría de Perlío, tal vez sus señorías necesiten que se les refresque la memoria. No sucederá otro tanto con una buena parte de los representantes de países como Alemania, Francia o Italia, cuyas presiones, en mayor o menor medida, determinaron desde la década de los 80 la decisión de restringir, poco a poco, pero de forma perseverante, el devenir de un astillero que hoy en día se encuentra descapitalizado, sobre todo en el plano humano.
Y es que lo que no consiguió la reconversión industrial de hace más de tres décadas, que no fue nunca otra cosa que privar de la más que respetable capacidad tecnológica y profesional a un duro competidor en el plano europeo de la construcción naval, lo ha hecho el tiempo. A estas alturas, decía, mientras algún funcionario o político previsor se encontrará ya en Bruselas posiblemente elaborando algún memorándum sobre la idoneidad o no de mantener activa la factoría una vez que, el próximo 31 de diciembre, finalice oficialmente el veto, en este país falta quien piense –al menos entre aquellos que tienen responsabilidad como para decidir– por qué no se encuentran ya los departamentos comercial y de diseño de la factoría en plena preparación de ofertas para un mercado que, pese a la fuerte competencia asiática, está ahí, demandando propuestas competitivas, modernas y capaces de hacer frente a una realidad básicamente determinada por el hecho de que más del 80 por ciento del tráfico de mercancías en el mundo se realiza a través del mar y de que existe toda una flota necesitada de la oportuna y obligada renovación.
No ha habido un momento en estos treinta últimos años en los que Astano no fuese un incordio, puede que incluso para una buena parte del sector naval público de este país. Y es que, mientras que otros se han ido quedando por el camino, bien mediante su cierre o su privatización, el astillero del otro lado de la ría continúa ahí, con capacidad suficiente como para volver a la plena actividad, aunque, eso sí, sin apenas personal propio y con una sala técnica apenas cubierta por una decena de ingenieros. El presidente de Navantia, José Manuel Revuelta, indicaba en Ferrol esta misma semana que la finalización del veto comunitario, más o menos, reavivaba las opciones de la oferta estatal en materia civil. Si partimos del hecho de que una adjudicación requiere de un concurso, de un proyecto y de una oferta económica, por no hablar de intensas negociaciones o incluso alianzas con otros ofertantes, hora va siendo de que Astano se pusiese a ello, sobre todo teniendo en cuenta lo prolongado de toda esta fase. Revuelta, sin embargo, nada dijo de ello.

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