Pasó lo que pasó

Es muy posible que así resumiera el viejo jurista Iglesias Corral lo sucedido en Cataluña. Y su conclusión sería impecable e irreprochable. Los constitucionalistas no han conseguido sus objetivos y los separatistas, sí. Todo ello con peros, por ejemplo, Ciudadanos se aferra al éxito de Arrimadas y Rivera lo toma como el inicio de su conquista nacional a costa del PP y un poco del PSOE y los separatistas se saben presos de la CUP, que hará valer sus cuatro escaños a precio de oro y con condiciones difícilmente asumibles por sus socios independentistas, que acabarán tragando con lo que sea, porque su huida hacia adelante ya no la pueden parar ni ellos mismos.
Así, de la mano de los resultados se me ocurren tres reflexiones. La gran participación confirma la profunda fractura social que existe en Cataluña y evidencia que la ley electoral está marcada por defectos profundos que facilitan que partidos con menos votos obtengan más escaños que otros que los superan en sufragios. Es una ley pensada para las coaliciones de perdedores a las que les facilita el gobierno dopando sus resultados. Los separatistas son menos que los constitucionalistas y, por tanto, no es posible plantear la independencia salvo que se pretenda que la minoría someta a la mayoría, cosa impropia de una democracia.
Segunda cuestión, el PSOE fracasa en su intento de incorporar a Unió para mejorar resultados. Aun subiendo un escaño, tiene menos diputados que antes, por los puestos cedidos a sus socios. Como Podemos, otro perdedor, se han quedado en tierra de nadie y, como dijo Errejón, en un Madrid-Barça, nadie va con el árbitro y así fue. Y finalmente el PP, que sufre un durísimo castigo que lo lleva a la irrelevancia en el Parlamento y esto merece una reflexión más detenida.
Fíjense ustedes que el PP, con responsabilidades de gobierno, aplicó el artículo 155 para reconducir la situación que provocaron los secesionistas, convocó elecciones con rapidez para demostrar que no se pretendía manejar Cataluña desde Madrid sino dar la palabra a los catalanes para que fueran ellos los que reordenaran la situación. Un 155 light que dejó TV3 en manos independentistas, que la aprovecharon como su órgano de información oficial, a mi juicio un error de generosidad mal entendida. Para hacer una tortilla hay que romper huevos y no se puede poner paños calientes para dulcificar las consecuencias de una medida tan importante como la aplicación de este precepto constitucional.
Pero iré más allá; si alguien fue vehemente en la exigencia del 155 ese fue Ciudadanos y por ello recibió el premio en las urnas, mientras que el PP que fue el artífice de la aplicación recibió un gran castigo, quizá desmedido, por parte del electorado. Es como si el PP le hiciera el trabajo sucio a Cs para su mayor gloria y lucimiento. Al PP le volvió a faltar piel, empatía y pedagogía. Haciendo lo que tenía que hacer, mostró su perfil más pétreo y se ciñó a la ley sin valorar emociones. El PP aparenta obrar con una prepotencia, seguro que no buscada, que lo aleja de los sentimientos del cuerpo electoral. Esto va de emociones, de ilusionar, de enamorar si me lo permiten. O el PP recupera empatía y se abre. O Cs se frota las manos de cara a las municipales. Piénsenlo. Feliz Navidad ¡