Esta peli ya la vimos

Resulta muy decepcionante acudir a una sala de cine para ver una película nueva y descubrir que ya la habías visto. Algo parecido me sucede con el relato, ya coñazo, de los golpistas catalanes. Muchos apostábamos por la inteligencia contrastada, hasta ahora, de los catalanes y, por ello, pensamos que las cosas cambiarían tras las elecciones autonómicas que acaban de celebrarse. 
Nos equivocamos quienes así pensábamos. Una parte amplia, que no mayoritaria, de la ciudadanía ha repetido y profundizado en el error y lo ha hecho con contumacia. A ello hemos de añadir una absurda ley electoral que premia territorios y castiga personas facilitando mayorías a las minorías y postergando a mayorías que ven como su voto vale menos. Es increíble que no se haya tocado esa legislación electoral, imagino que por los peajes que algunos tuvieron que pagar por dejarse apoyar por los nacionalistas para obtener mayorías parlamentarias. Un precio muy alto sin duda que ahora pagamos todos. 
Las elecciones catalanas no han cambiado nada, los separatistas liderados por un fugado iluminado se mantienen pertinaces en el error y los constitucionalistas guardan las formas como pueden para seguir siendo testigos, y poco más, del sainete secesionista. Un nuevo Parlamento trufado de diputados encarcelados y prófugos de la justicia se jacta de tener en jaque al Estado y se retroalimenta de discursos incendiarios que pronuncia el presidente de la Mesa de Edad a modo de mitin nacionalista plagado de odios y rencores y aplaudido por los fanáticos seguidores de la secta nacionalista compuesta por la extrema izquierda, la izquierda tradicional y la derecha corrupta de Convergencia, todo ello mezclado y dirigido por Skype desde Bruselas. 
Lo nunca visto lo podemos ver ahora como un número repetido por el gran showman de Gerona que pretende a emular a Tarradellas, al que no le llega ni al talón, plantándose victorioso en Barcelona al grito de “ja soc aquí”. Algún día podrá hacerlo, pero cambiando la frase por otra que diga “ ja soc aquí, en Estremera”. Porque no se entendería de ninguna manera que Puigdemont pisara territorio español y no ingresara de inmediato en prisión, entre otras cosas por ser el jefe de otros presos que cumplen ya tres meses encerrados. 
Tengo que decir que, tratándose al presidente de los catalanes de honorable, más honor demuestran los que desde la cárcel cumplen con la justicia que el que cabría suponerle al cobarde fugado. El resultado de todo esto puede provocar, así es la política, el éxito final de Rajoy porque se le está dando una segunda oportunidad: si fue demasiado parsimonioso en la aplicación del 155 y Cs se ha beneficiado de la falta de convicción aparente del presidente, ahora tiene la oportunidad de demostrar contundencia haciendo valer el imperio de la ley también en Cataluña. Rajoy debe valorar que es la hora de acabar con las dudas y escuchar también las emociones de un pueblo español harto de debilidades y concesiones, un pueblo que quiere sentirse representado por su presidente al que la historia juzgará por la resolución de este conflicto por encima, incluso, de su gestión de la crisis de la que nos está sacando con la complicidad y el sufrimiento de todos los españoles.