En el nombre de la libertad

Se cuentan por miles los episodios históricos cargados de sangre los que se han producido en nombre de libertad. Muchos dictadores han enarbolado también esa bandera antes de someter a sus pueblos.

Se cuentan por miles los episodios históricos cargados de sangre los que se han producido en nombre de libertad. Muchos dictadores han enarbolado también esa bandera antes de someter a sus pueblos. La mal estudiada dictadura del proletariado también hablaba de libertad y en su nombre murieron a tiros o de hambre millones de personas en el mundo. 
Como será que hasta el dictador Maduro repite su letanía de libertad cada día y no consigue más que ofender a tan noble derecho. Pero estos días se habla de la libertad de expresión en nuestro país y poco menos que se nos vende que estamos en un estado policial carente de libertades en el que se persigue el libre pensamiento, la cultura y el arte. Hay que decir que estas denuncias se hacen desde aquí, desde nuestro territorio nacional, que se hacen con total libertad y sin consecuencia alguna, como debe de ser. Pero centrémonos en los casos que nos ocuparon esta semana para tratar de dar otra interpretación, desde mi libertad, a los hechos denunciados. Una sentencia judicial ha condenado a un rapero por cantar. 
Esto, dicho así, parece un disparate inaceptable en cualquier democracia homologada como la nuestra, solo incurre en un fallo el titular y es que falta a la verdad. Se condena a un supuesto artista que en sus letras alentaba a pegar un tiro a alguien, a generar odio y sembrar violencia y así lo acredita la sentencia judicial. 
Que la pena sea dura o no es harina de otro costal y caben todas las opiniones, pero la Ley se respeta y las sentencias, cuando son firmes, se cumplen. Recuerdo que cuando era más joven, se escuchaba en las radios una canción que creo recordar que se llamaba Doña Flora y en uno de sus párrafos decía más o menos: “…y si te portas mal, como te portes mal, te vas a hacer muy famosa en urgencias de la Paz. Y si te portas bien, como te portes bien, sospecharé alguna cosa y también te zurraré…” Era solo una canción que humorizaba con el maltrato a las mujeres. ¿vale todo y cualquier cosa envuelta en música?.Pienso que no. 
El segundo asunto se refiere a Arco, donde la dirección del Ifema decidió retirar unas fotos que bajo el título Presos políticos, se exhibían  de los golpistas catalanes y etarras que están en prisión por presuntos delitos que serán juzgados. A mi no me parece que sea ninguna obra de arte si no una manifestación política que pretende decir que en España hay presos políticos, cosa que no es verdad y, aprovechándose de un encuentro cultural de gran repercusión internacional, colar el mensaje envuelto en un arte que no veo por ningún sitio. 
El resultado es que un nada inocente cliente le ha pagado 80.000 euros por esas fotos a su autor. Se trata de un capitalista catalán reconocido por sus querencias al separatismo que las ha comprado para exhibirlas por el mundo como reivindicación política. Ni fue el gobierno ni la justicia, fue una decisión arbitraria de una entidad que no quiso ser utilizada políticamente. 
Un error que ha hecho rico a tan mediocre aspirante a artista o, quizás, a político, el tiempo dirá. Y el tercer asunto trata de un secuestro literario. Una juez secuestra un libro que lleva años a la venta y más de diez ediciones, “Fariña”. Un libro que ya apenas se vendía y al que la decisión judicial ha convertido en best seller, haciéndole la mejor campaña publicitaria que su autor nunca había podido imaginar. Una serie de tv sobre el libro llegará a nuestras pantallas en poco tiempo. La promoción ya se la ha hecho la justicia y gratis. La inteligencia emocional y de la otra han estado ausentes en la decisión extemporánea de la justicia. Algunos disfrazan de libertad lo que no es ni será. Al tiempo.