Miércoles 14.11.2018

Dígannos las prioridades

Cualquiera que tenga una familia, un negocio o una vida, y esta la tenemos todos, sabe la importancia de una buena organización que pasa por fijarse unos objetivos y establecer la hoja de ruta para alcanzarlos.

Cualquiera que tenga una familia, un negocio o una vida, y esta la tenemos todos, sabe la importancia de una buena organización que pasa por fijarse unos objetivos y establecer la hoja de ruta para alcanzarlos. Con el asunto del “Aquarius” se está extendiendo una especie de runrún creciente que corre de boca en boca y esprinta en las redes sociales. El argumento es un enorme desconcierto que golpea las conciencias de los ciudadanos. 
En nuestro país, escuchamos cada día voces que alertan de un 30% de pobreza infantil. Por millones se cuentan los jubilados que demandan pensiones más justas que les permitan una vida razonable. Es una aspiración coral la de funcionarios, médicos, jueces, militares y trabajadores de todos los sectores que exigen revisiones salariales al alza. No sabemos cuánto cuesta la acogida masiva de inmigrantes, pero sí sabemos que llegan con derechos reconocidos, la asistencia sanitaria, alojamiento y parece ser que 532 euros de ayuda mensual para todos los que la soliciten. 
Y claro tantas reivindicaciones al mismo tiempo exigen inversiones que han de salir de las arcas públicas que me temo no están en su mejor momento. Por todo ello se hace imprescindible poner en conocimiento de la ciudadanía las prioridades del nuevo gobierno. Es una obviedad que los fondos públicos no son infinitos y que el milagro de los panes y los peces sucedió hace muchos siglos y es posible que no se repita. Podemos aplaudir los gestos del presidente, sobre todo cuando demuestran humanidad, pero es imprescindible conjugar al mismo tiempo la humanidad y el sentido común. 
Volvamos la vista a las primeras líneas de este artículo e imaginemos una familia con sus dos hijos que llegan justos a final de mes o directamente no llegan cuando los padres deciden donar, para una buena causa, una cantidad de dinero de la que no disponen salvo que reduzcan la comida que cada día ponen en la mesa para sus hijos. Habrá quien vea humanidad en el gesto, pero a renglón seguido escucharán voces criticando la falta de sentido común de su gesto. Alejandro Sanz cantaba: “Dar solamente aquello que te sobra no es compartir sino dar limosna” y como letra filosófica es una maravilla, pero con los pies en el suelo entenderemos que la prioridad de unos padres es la alimentación de sus hijos. 
El Gobierno tiene que decirnos cuánta solidaridad podemos tener y si priorizamos la ayuda a la inmigración sobre el hambre infantil o los pensionistas. Sé que habrá quien retuerza mis argumentos para etiquetarme, están en su derecho, pero incluso a estos críticos les preguntaría: ¿Qué es más solidario: recoger y ayudar a un numero de personas a las que puedes atender o recoger a todos los que vengan y no poder atender a ninguno? Porque hay quien calcula en 200 millones de personas aspirantes a entrar en Europa y como comprenderán no hay economía que soporte tal llegada. Dígannos, pues, cuáles son las posibilidades reales de solidaridad, cuéntennos de dónde saldrá la financiación y los límites, porque incluso para esta justa causa hay que aplicar sentido común si no queremos arruinar la esperanza de muchos seres humanos y nuestras propias cuentas que no es otra cosa que atender urgencias reconocidas.

Dígannos las prioridades
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