MACHISMO VERSUS POSTUREO

Últimamente algunos cracks del mundo deportivo se lucen

Últimamente algunos cracks del mundo deportivo se lucen con titulares de una misoginia sin tapujos. El último de estos próceres de la igualdad de género fue el todopoderoso de la fórmula 1, Bernie Ecclestonne, al afirmar que “si se habla de conducir, no cabe tomar en serio a las mujeres porque no son lo bastante fuertes”. Además de ser una soberana estupidez es un insulto al deporte en su conjunto y en particular en el caso español: todos tenemos en la memoria la gesta de María Villota. No es la primera vez que Ecclestone nos aterra con sus exabruptos, el más célebre: “Las mujeres deberían ir de blanco, a juego con los electrodomésticos”. 
Pero si este tipo de desatinos solo fuesen de este ricachón hortera que defiende a Putin y Trump como modelos de líderes para nuestra civilización, la cosa no pasaría de la anécdota de mal gusto. El problema es que existe una brisa misógina constante. Hace sólo unas semanas el tenista número 1, el serbio Djokovic defendía la brecha salarial al afirmar que las tenistas femeninas debían cobrar menos que los hombres. Y otro deportista serbio, el exfutbolista y  entrenador del Milán, Mihajlovic, aseguraba que “las mujeres no valen para el fútbol, no deberían hablar de fútbol porque no son aptas”. A este señor también deberíamos recordarle que las mujeres no sólo juegan al fútbol sino que además compiten a nivel internacional en condiciones más duras que los hombres porque la FIFA así lo manda. En el último mundial ellas tenían que competir en césped artificial y acababan los partidos con las piernas ensangrentadas por las caídas.
Hasta nuestro sacrosanto Rafa Nadal y su tío entrenador tuvieron algún desliz cuando fue designada una capitana al frente del equipo español de la Copa Davis. Tampoco deberíamos extrañarnos. Estos casos pueden resultar aislados y desafortunados, pero son ideas que reposan sobre un terreno abonado desde la historia más remota en materia de desprecio de las capacidades femeninas. ¿Cómo se entiende sino que el 65% de los hombres españoles considere que las mujeres no valen para ser científicas de alto nivel?
Estos deportistas no se atreverían a decir tales barbaridades si no se sintieran amparados por una permisividad social. En todo caso la solución no pasa por una respuesta similar pero desde el otro extremo. No se trata de forzar declaraciones parsimoniosas sobre lo bonita que es la igualdad de género. No vale el postureo para colgarse medallas feministas. El discurso facilón y simplista ya no sirve. Lo que vale es que se abran las puertas a la contratación de las muejres, que se les permita dirigir, que no se les pregunte si tienen hijos o van a tenerlos.