jueves 28.05.2020

Artur Mas: el falso hijo pródigo

A Artur Mas, presidente de la Generalidad de Cataluña, le ha salido últimamente mal todo, menos una cosa. Tal vez la que menos esperaba. Convocó elecciones para disponer de una mayoría absoluta y perdió doce escaños.

AArtur Mas, presidente de la Generalidad de Cataluña, le ha salido últimamente mal todo, menos una cosa. Tal vez la que menos esperaba. Convocó elecciones para disponer de una mayoría absoluta y perdió doce escaños. Para seguir como presidente tuvo que aliarse con Esquerra Republicana, justo lo que quería evitar al disolver el Parlamento y lo que le está obligando a renunciar a muchos de sus principios liberales. Y para que no faltara nada,  la Unión Europea le ha hecho saber con  razones aplastantes que sus planes soberanistas no irán a ningún sitio.
En casa le queda un panorama económico aterrador. Unos nuevos presupuestos sin aprobar y una comunidad en espectacular bancarrota. Sólo en vencimientos de deuda la Generalidad tiene que pagar este año 7.858 millones de euros; algo así como un billón, trescientos mil millones de pesetas.
Y aquí es donde le ha venido Dios a ver de forma inesperada. Es lo único que no le salido mal. Y es que el Gobierno central, “Madrid”, el que desde siempre ha supuestamente robado a Cataluña, está decidido a no dejar caer económicamente a ninguna comunidad  y,  pensando muy especialmente en ella,  tiene preparados unos de topes de déficit público a la carta; es decir, un techo de déficit según necesidades. Amén, de que está dispuesto seguir pagando con  cargo al fondo estatal de liquidez autonómica todo lo que caiga. Y ya ha caído mucho.
Razones hay para defender esta política de déficit diferenciado. Porque no es lo mismo haber accedido al poder en 2009 y haberse  puesto manos a la obra de atajar la crisis, como hizo el presidente Núñez Feijoo, que haberlo hecho en 2011,  cuando la crisis estaba alcanzando sus peores momentos. Y no es igual, por ejemplo, la herencia que le dejó a Artur Mas el tripartito saliente que la que pudieron recibir otros mandatarios autonómicos.
El encaje de bolillos para el Gobierno central está ahora en ver cómo encajar este comprensible diferente punto de partida con un imprescindible igual punto de llegada, de forma que las comunidades que mayores esfuerzos han venido haciendo en políticas austeras no se vean  discriminadas y, al tiempo, desautorizadas ante sus  respectivos electorados.
El debate suscitado y la llamada “rebelión de los barones” populares está inevitablemente envenenado por la deslealtad constitucional sistemática del Gobierno catalán y de forma muy especial  por el proceso soberanista allí en curso.  Se piensa que Artur Mas podía haber hecho todavía muchos más esfuerzos para la reducción del déficit. Y a él se le ve como el falso hijo pródigo que vuelve a la casa paterna no para reintegrarse arrepentido a ella, sino para pedir dinero y continuar con sus francachelas.

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