Puigdemont llena su mesa de manjares made in Spain

CUENTA la leyenda que la liturgia de los turistas galaicos que se desplazan a Madrid incluye citas ineludibles como la visita al museo de Cera o el tour del Bernabéu. Antes comprendía también una noche de teatro para disfrutar de la función que representaba Lina Morgan, sustituida desde su muerte por Arturo Fernández. Si el viajero enxebre es alcalde o diputado provincial, el plan se completa con una noche de cabaré. Pero independientemente de su profesión, el excursionista originario de la nazón de Breogán pasa también por un restaurante gallego, pues siente morriña de la comida autóctona y repone fuerzas con un plato de caldo y una ración de raxo, que el marisco va muy caro por la capital del Reino. En cambio, un catalán exiliado en Bruselas, la ciudad más aburrida del mundo desde que la abandonaron los Tercios, no busca allí un establecimiento donde le sirvan butifarra, sino que se infla a tortilla española, queso manchego, patatas bravas y jamón ibérico. Eso es lo que ha hecho Puigdemont para conmemorar sus cien días fugado. No es español ni nada el tío.