La bruja que era casi un monstruo

 

PUMARES lo conocería, pero Harvey Weinstein era un perfecto desconocido para la inmensa mayoría de los españoles, hasta que se relacionó su nombre con los escándalos sexuales que sacuden Hollywood. Por lo que se va sabiendo, el tipo debe de ser un depravado de narices, a pesar de que haya quien se empeñe en que el asunto es una auténtica caza de brujas cuyo origen está en unos casi inocentes tocamientos. Ja, ja, ja. Al parecer, el tal Weinstein obligaba a sus chóferes a llevar condones e inyecciones para la disfunción eréctil por si acaso. Más que una bruja a la que persigue la Inquisición, parece un monstruo. FOTO: harvey weinstein | aec